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@QUIQUERAF

30/11/2009#N29727

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Al parecer, la inseguridad, el temor a ser asaltado y, tal vez, muerto por unos pocos pesos o por un auto que irá a un desarmadero clandestino, es la mayor preocupación de los argentinos -o, por lo menos, de los habitantes del Gran Buenos Aires-. En el "interior" también tenemos miedo. Es una cuestión delicada pero, si bien hay quien lo considera un tema para especialistas, éstos tampoco saben qué hacer y todo el mundo opina -especialmente los famosos del negocio del espectáculo y lo que aquí se entiende por informativo y que no toca otros temas que éste-. De modo que esa generalización de las opiniones de los que no conocen nada del tema, y que también me toca, me lleva a opinar también.

 

 Estamos ante un problema global que debe atacarse localmente: es una tarea imposible. La pequeña burguesía está asustada, diría un marxista. Y la pequeña burguesía asustada termina clamando por el fascismo. Mientras tanto, tenemos a la mitad de la población por debajo de aquello que definimos arbitraria y falsamente como "línea de pobreza". Y ciudades dentro de las ciudades en las que la policía no se atreve a entrar pero sobran armas y donde todos los vecinos saben quién impunemente vende droga a los menores. Ciudades secretas donde la violencia es aún mucho mayor que afuera pero transcurre en un silencio metafórico porque los disparos de las armas al alcance de cualquiera se oyen. Guerras de pobres contra pobres.Tomás Buch  - Físicoquímico-.


Los crímenes que más espantan son los asesinatos y las violaciones, y la gente sale a las calles reclamando más seguridad al gobierno. Pero el gobierno está sobrepasado, tanto la policía como la Justicia, y mucha gente pobre les teme más a los policías que a los criminales; a veces, con razón, porque son socios MUCHAS VECES. En cuanto a la Justicia, sólo el seis por mil de los delitos recibe una sentencia de prisión efectiva, a lo que se agrega que uno de cada tres detenidos por año es reincidente. Los ricos recurren a la policía privada: el mercado de la vigilancia privada aumentó casi un 30% en cuatro años. Esta cifra contempla solamente la vigilancia humana, a la que se agrega la electrónica -que sólo puede constatar un crimen después de cometido pero que aumentó un 60% en dos años (según datos de la Cámara de Empresas de Monitoreo de Alarmas)-. Otro pingüe negocio que vive de la inseguridad.

Sin embargo, nada de eso nos pone al abrigo de los criminales, que no solamente saben operar en los barrios cerrados sino que gozan de una publicidad fantástica. En los llamados "informativos" de la tevé, los crímenes y sus consecuencias -los charcos de sangre, los deudos llorosos, los testigos que no vieron nada (o que sí vieron pero no se atreven a hablar), las niñas llorosas- ocupan la mitad del tiempo que la publicidad deja libre -la otra mitad se dedica al fútbol-. La publicidad, además, muestra un estilo de vida totalmente inalcanzable para mucho más que la mitad de la población. Toda una escuela -mucho más eficaz que la degradada escuela pública- para jóvenes desocupados y sin esperanzas que enfrentan una vida corta y vacía de todo contenido. Además de la televisión están los videojuegos: juguemos a matar peatones con un automóvil virtual -quien mata más gente, gana-. O a violar chicas virtuales, la propuesta de un nuevo juego japonés que todavía no ha llegado aquí pero que por suerte ha desatado un menudo escándalo aun en la supermachista sociedad japonesa.

No estoy diciendo nada nuevo: sólo estoy repitiendo lo que ya se dijo en todos los tonos. No se trata de perdonar a los delincuentes, cualquiera sea su edad, pero tampoco se los puede dejar abandonados a su suerte, que es lo que hace esta sociedad despiadada. Es lo que se llama piadosamente "entregar a sus familias", que en la mayoría de los casos no existen o no contienen. En vez de eso debería haber escuelas-hogar que no sean cárceles manejadas por carceleros sádicos y corruptos y más y mejores escuelas; combatiendo la pobreza, ciertamente, no aumentando las ineficaces penas.

En cuanto a bajar la edad de imputabilidad, entre nosotros aún existe la institución del patronato, que permite a un juez mantener indefinidamente preso en un lugar de "reeducación" (para que aprendan el crimen en serio) a cualquier menor sin someterlo a debido juicio ni darle la oportunidad de una defensa legal.

Claro que hay muchísimo más: los adultos que hacen delinquir a los niños inimputables -eso ya lo había inventado Dickens a mediados del siglo XIX-. Y los grandes criminales de guante blanco, que siempre "zafan" por triquiñuelas legales, cuando los pobres pasan años procesados y sin condena porque no pueden pagar la fianza. Toda la sociedad es una gran escuela del crimen y del cinismo -y después nos indignamos contra los estudiantes aventajados de esa escuela-. Cuando yo tenía 10 años jugábamos a las figuritas. Ahora, los chicos de esa edad profanan tumbas.

 

 

Comentarios

@ALEJANDROVALL

30/11/2009

Simplemente me das pena , pone todas las estadisticas que quieras , pense en un momento que con vos se podia debatir , hoy adhiero a otros que te consideran inimputable (o  inimputeable ?????? ) chau Ale el que te aconseja que te dediques a recuperarte

 
@MARCELYAN

30/11/2009

No Quique ,no es inseguridad, es consecuencia de la inseguridad.... y según el Artículo 34 del Código Penal de la Nación, no solo no es una repudiable agresión, sino que está totalmente justificada, y por lo tanto no es punible.

Si no estás de acuerdo, apurate que todavía tienen mayoría y pedile a tus legisladores que deroguen ese artículo que de la una ley sancionada en 1921, a lo mejor logran meterla en extraordinarias....

Marcelo "11.179" Marcelyan