GUEMES UN CENTAURO EN LA BATALLA NAVAL
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@ZARKOZY
MARTIN MIGUEL DE GUEMES UN CENTAURO EN LA BATALLA NAVAL
Durante la reconquista de la ciudad que habia caido a manos de de los invasores ingleses,
una nueva y difícil misión le aguardaba, .
Por el lado del río ocurrieron algunos hechos extraordinarios ese famoso 12 de agosto. Los pocos barcos pequeños que les habían quedado a los británicos, después del temporal de la noche anterior, se acercaron al Retiro para tirar sobre ese punto y sobre todo el bajo, desde allí hasta el Fuerte. En las primeras horas de la tarde, las fuerzas criollas colocaron en batería a dos piezas de 18 libras, que pusieron fuera de combate a un pequeño barco inglés y a la sumaca La Belén de las españolas que el almirante Sir Home Riggs Popham (1762-1820) había capturado en el Riachuelo.
El Justina, un buque mercante artillado con 26 piezas y tripulado con más de cien soldados, oficiales y marineros, cuyo palo mesana había sido tronchado de un cañonazo el día anterior, había estado disparando casi toda la tarde sobre las fuerzas de la reconquista, no sólo por la ribera y sobre la Alameda (hoy avenida Leandro N. Alem), sino también en las diferentes calles que ocuparon, expuestas a su fuego. Desconociendo los secretos de la navegación en el río, quedó varado por una súbita bajante a unos 400 metros de las barrancas de la Plaza de Toros en el Retiro (hoy Plaza San Martín), lo que fue advertido por los centinelas de la batería Abascal emplazada en las cercanías donde actualmente se halla el monumento ecuestre en honor al Padre de la Patria.
Antes de ser general Guemes fue soldado, como ante todo salteño, y sobre todo, patriota de nacimiento. Afiló la espada que había de sablear chapetones hasta la más lejana frontera en piedras de estas calles, ensayando las memorables cargas de su renombre por sierras y montañas, en la playa del Plata, cuya bajante dejó en seco al buque de guerra inglés, cooperando a su abordaje...
“Ud., que siempre anda bien montado; galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampado a la altura de la batería Abascal, y comuníquele orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco, que resta cortado de la escuadra en fuga...” (Es de advertir que esta orden sólo era de aproximarse al buque, sin referencia a su abordaje). Menos tardó el ayudante Güemes en recibir la orden que en transmitirla, como los gauchos de Pueyrredón, ganosos porque no se le escapara la presa en salir al galope tendido por la playa”.
Pueyrredón al recibir el despacho puso inmediatamente bajo el mando de Güemes la única tropa montada de que disponía, no más de 30 gauchos armados con lanzas, boleadoras, facones, sables y algunas tercerolas. Estos no trepidan en descender la empinada barranca y zambullirse en el brumoso río. Con sus caballos metidos en el agua hasta los ijares, se lanzan intrépidos tacuara en mano en una carga asombrosa, pocas veces registrada en la historia militar: el abordaje a caballo de un buque de guerra de la marina más poderosa del mundo de aquel entonces. Los bravos paisanos alentados por el alférez salteño asaltan la nave agresora y rinden a su tripulación luego de breve y reñido combate. Los británicos abordados, muchos de ellos artilleros y tiradores excelentes, habían sido doblegados por el estupor de ver surgir repentinamente esos centauros marinos emponchados que los acometían y trepaban sobre sus amuras con una vehemencia inaudita.
En la actualidad esas aguas cruzadas por gauchos a caballo capitaneados por Güemes, ya no son más aguas. El lugar que cubrían ha sido ganado al río. Es tierra firme y, en ese punto geográfico en que el prócer conquistó un trofeo, hoy se encuentra la Plaza Fuerza Aérea Argentina.
El heroico episodio de la toma del “Justina”, prácticamente ignorado por la enseñanza oficial, ha sido acreditado por numerosos historiadores de reconocido prestigio.
La estrepitosa derrota de las fuerzas invasoras inglesas por la acción popular de Buenos Aires en 1806 marca el nacimiento de la conciencia nacional argentina, la cual daría lugar al sentimiento de independencia .
Por el lado del río ocurrieron algunos hechos extraordinarios ese famoso 12 de agosto. Los pocos barcos pequeños que les habían quedado a los británicos, después del temporal de la noche anterior, se acercaron al Retiro para tirar sobre ese punto y sobre todo el bajo, desde allí hasta el Fuerte. En las primeras horas de la tarde, las fuerzas criollas colocaron en batería a dos piezas de 18 libras, que pusieron fuera de combate a un pequeño barco inglés y a la sumaca La Belén de las españolas que el almirante Sir Home Riggs Popham (1762-1820) había capturado en el Riachuelo.
El Justina, un buque mercante artillado con 26 piezas y tripulado con más de cien soldados, oficiales y marineros, cuyo palo mesana había sido tronchado de un cañonazo el día anterior, había estado disparando casi toda la tarde sobre las fuerzas de la reconquista, no sólo por la ribera y sobre la Alameda (hoy avenida Leandro N. Alem), sino también en las diferentes calles que ocuparon, expuestas a su fuego. Desconociendo los secretos de la navegación en el río, quedó varado por una súbita bajante a unos 400 metros de las barrancas de la Plaza de Toros en el Retiro (hoy Plaza San Martín), lo que fue advertido por los centinelas de la batería Abascal emplazada en las cercanías donde actualmente se halla el monumento ecuestre en honor al Padre de la Patria.
Antes de ser general Guemes fue soldado, como ante todo salteño, y sobre todo, patriota de nacimiento. Afiló la espada que había de sablear chapetones hasta la más lejana frontera en piedras de estas calles, ensayando las memorables cargas de su renombre por sierras y montañas, en la playa del Plata, cuya bajante dejó en seco al buque de guerra inglés, cooperando a su abordaje...
“Ud., que siempre anda bien montado; galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampado a la altura de la batería Abascal, y comuníquele orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco, que resta cortado de la escuadra en fuga...” (Es de advertir que esta orden sólo era de aproximarse al buque, sin referencia a su abordaje). Menos tardó el ayudante Güemes en recibir la orden que en transmitirla, como los gauchos de Pueyrredón, ganosos porque no se le escapara la presa en salir al galope tendido por la playa”.
Pueyrredón al recibir el despacho puso inmediatamente bajo el mando de Güemes la única tropa montada de que disponía, no más de 30 gauchos armados con lanzas, boleadoras, facones, sables y algunas tercerolas. Estos no trepidan en descender la empinada barranca y zambullirse en el brumoso río. Con sus caballos metidos en el agua hasta los ijares, se lanzan intrépidos tacuara en mano en una carga asombrosa, pocas veces registrada en la historia militar: el abordaje a caballo de un buque de guerra de la marina más poderosa del mundo de aquel entonces. Los bravos paisanos alentados por el alférez salteño asaltan la nave agresora y rinden a su tripulación luego de breve y reñido combate. Los británicos abordados, muchos de ellos artilleros y tiradores excelentes, habían sido doblegados por el estupor de ver surgir repentinamente esos centauros marinos emponchados que los acometían y trepaban sobre sus amuras con una vehemencia inaudita.
En la actualidad esas aguas cruzadas por gauchos a caballo capitaneados por Güemes, ya no son más aguas. El lugar que cubrían ha sido ganado al río. Es tierra firme y, en ese punto geográfico en que el prócer conquistó un trofeo, hoy se encuentra la Plaza Fuerza Aérea Argentina.
El heroico episodio de la toma del “Justina”, prácticamente ignorado por la enseñanza oficial, ha sido acreditado por numerosos historiadores de reconocido prestigio.
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@ZARKOZY 01/07/2010
Por algo existen...!!
@MONI2020 29/01/2014
Nada hay tan veloz como la calumnia; ninguna cosa más fácil de lanzar, más fácil de aceptar, ni más rápida en extenderse
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