Escrito x @LA_SU

12/10/2013 | #N44716
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Gris. Para algunas personas él era gris. Pasaba casi desapercibido.


En su trabajo cumplía con horarios, requisitos, entregas.  Nunca levantaba la voz ni participaba en  charlas de football.


No comentaba con otros hombres sobre las chicas del piso,  solo algún comentario del tiempo o de una película vista en el fin de semana.


Casi no se lo escuchaba hablar.


Para sus jefes tenía un solo defecto, cumplía su horario como un reloj suizo. 


Nadie sabía de su vida privada mas allá que vivía solo en un departamento que había heredado de sus padres ya fallecidos. No le preguntaban por su familia, novias, afectos.


De su trabajo salía a las 18.00, pero muchos días llegaba a su casa pasada la medianoche.


Había dejado caer el rumor con el encargado del edificio  que hacía tareas de voluntariado en un geriátrico…  los chismosos que lo conocían ni siquiera se tomaban el trabajo de hablar sobre él.


Gris, inocuo. Esas palabras lo definían para su entorno.


Lo que veían no era la realidad. Juan brillaba con un raro don perceptible para pocos.


No se había dado cuenta hasta que fue adulto que lo tenía, aunque siempre lo había ejercitado.


Esas cosas que uno hace naturalmente, pensando que era algo que todos los seres humanos tienen.


Después de algunas desilusiones pensando que los demás se lo devolvieran cuando él lo necesitaba, se dio cuenta que no tenía que esperar.


Una persona lo vio, alguien que era como él.


Fue un día muy caluroso de veinticinco veranos atrás. 


Juan estaba sentado en un bar tomando una cerveza, atento a la conversación que tenían en la mesa de al lado dos personas, uno se encimaba en lo que decía el otro y ninguno de los dos escuchaba lo que su compañero decía. No podía entender porque no se daban el tiempo de escucharse, así la solución a lo que estaban planteando iba a surgir o al menos lo iban a aclarar.


Alguien pasó a su lado y “sin querer” le tocó el codo, pidió disculpas y la charla surgió sin inconvenientes.


Se presentó como Pancho. Sin saber cómo estaban hablando sobre sus vecinos de mesa. Sin afán de crítica, solo en cómo se estaba desarrollando la conversación que tenían.


Juan le contó que le ponía el oído a la gente, esperaba que terminaran de hablar, les decía alguna frase que él creía que los podía encausar y luego seguía escuchando. No entendía como, pero la otra persona iba encontrando la salida a su problema, o el porqué de la situación,  así iba aclarando el panorama.


Pancho le preguntó como sabía quién necesitaba ser escuchado. Juan se quedó mirando el vacío, no supo que contestar, se hizo un largo silencio y luego le dijo: “solo me acerco cuando siento que lo necesitan”.


Pancho  sonrió, palmeo su mano y le dijo algo que le quedaría gravado para siempre:


“Un gran don saber escuchar,  es poco común.  Te voy a decir cosas que seguramente sabes pero es bueno tenerlas presentes:


Escuchar sin juzgar, el otro tiene su propia historia y vivencias.


Por más que creas que viviste o conoces una situación similar, no es lo mismo, cada uno vive sus historias de distinta manera.


Escuchar también es empatía,  ponerse en el lugar del otro, interesarse por sus sentimientos y emociones.


Dejar que el otro comprenda que no está solo, que estás ahí solamente para él y nadie es más importante.


Así el escuchar se te va a hacer placentero, sabiendo que estás ayudando.


Si decidís usar este don, tené presente que son pocas las personas que pueden hacerlo, no esperes que los demás te devuelvan la misma atención, si lo haces vas a sufrir. “


Pancho le dio un abrazo cálido y fuerte, le guiñó el ojo y se fue.


Juan se sintió calmado, en paz.


Entendió el porqué de sus malestares cuando la gente le contaba sus cosas:  no se entregaba al otro, esperaba el agradecimiento o que le retribuyeran de la misma manera… y también se dio cuenta que Pancho era como él, que había actuado con él como él le decía que tenía que actuar con los demás. 


Le había dado la bienvenida al “Clan de los escuchadores”.


Generalmente a la salida de su oficina o los fines de semana, iba a caminar por lugares donde era casi imposible cruzarse con sus conocidos y si eso pasaba, el trabajo que hacía era tan transparente a la vista de los demás que no lo iban a notar. Solo iban a verlo charlar con alguien.


Muchas veces se preguntaba donde iban tantas palabras dichas. Porqué era tan necesario decirlas. La conclusión era siempre a la misma: Liberaba la presión que sentía el alma, las cosas que uno piensa y siente  si no se dicen hacen una bola que empacha el alma.


Si uno se miente por no reconocer el dolor que causan algunas realidades queda atascado en mares de remordimientos y dudas,  se causa dolor, entorpece las realidades de otros que creen en lo que dice,  no deja ver otros caminos.


Comentarios de Cuentos :

@SIL_VANA

12/10/2013
#F551476

Escelente Susana !!!!!! No es fàcil pero si es posible . Personalmente lo tendrè que seguir trabajando . Es algo que me propongo dìa a dìa y encuentro allì mi gran egoismo , mi ego . Sòlo escucho un tiempo , mi tiempo de escucha y realmente uno debe escuchar el tiempo que el OTRO necesite . Un beso Su !!!!! 
 

@LA_SU

12/10/2013
#F551481

Gracias Silvanita!!! Me alegra te haya gustado. Creo que quien mas quien menos, todos tenemos que trabajar ver y escuchar al otro. Para mi tambien es un trabajo. Hace tan bien sentirse cuidado con la atención del otro! Besos
 

@VILMY

12/10/2013
#F551482

Muy buén texto ¨* Que dificil es saber escuchar, poner el oido y la atención al otro , como así  interpretar los silencios también .Definitivamente hay que aprender ..

.El clan de los escuhadores ...Me encantó !!

Un beso

Silvia  

@LA_SU

12/10/2013
#F551486

Gracias Silvia!!! Todos tenemos que aprender. Besos. Su
 




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