La exclusion produce dolor

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30/04/2016 | #N59512
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La exclusión produce dolor-

  Norberto Abdala

El ser humano nace tan vulnerable que si un adulto no lo cuida se muere y por lo tanto la dependencia es imprescindible. Esa función generalmente la cumplen los padres, y el afecto y el cuidados recibidos son la garantía para sobrevivir, una experiencia que queda grabada a fuego en el cerebro, más específicamente en el sistema límbico.

Esa dependencia es una de las simientes que diseña la necesidad de armar y formar parte de grupos (sean familiares, sociales, laborales) y la razón de por qué ser excluido siempre resulta un proceso doloroso. Ya lo sabían los antiguos griegos al castigar a un individuo con el destierro o el ostracismo, condenándolo a sufrir por la soledad y el aislamiento

K. D. Williams, investigador de la Universidad de Purdue (EE.UU.), es uno de los expertos dedicados a estudiar cómo afecta la exclusión al ser humano y qué genera una reacción común de profundo dolor.

En una investigación realizada en 2003, Williams constató con resonancias magnéticas que en las personas sometidas a exclusión social se activa la corteza cingulada anterior, la zona cerebral vinculada al dolor físico. En otras palabras, el dolor físico (producido por cualquier factor) y el dolor anímico (que se sufre por ser ignorado o rechazado en un vínculo humano) comparten las mismas vías neuronales. También comprobó que disminuía la actividad en la corteza prefrontal izquierda, por lo cual existe una menor habilidad para regular las respuestas emocionales frente al rechazo.

Sin embargo, existe una diferencia importante: se puede recordar un hecho físico concreto que produjo dolor, pero el recuerdo no hace revivir el dolor; en cambio, cada vez que se evoca la situación de exclusión no sólo se recuerda el hecho sino que también el dolor revive y se siente como si estuviera ocurriendo en ese momento. Por eso, aquel que no logra olvidar o superar el rechazo sufrido puede vivir una larga tortura. La mayoría de las angustias humanas se vincula con la vivencia de ser excluido, sea de manera activa (bullying, por ejemplo) o pasiva (ser ignorado). Y se traduce en angustia, depresión, desvalorización, obsesiones, celos... Ser querido o aceptado es un elemento clave para la autoestima personal, precisamente porque el rechazo y sus consecuencias psicológicas tienden a permanecer de manera prolongada o permanente en el tiempo. Es por esto que un niño rechazado por sus pares en un colegio y a quien se lo cambia a otro suele arrastrar sus consecuencias y debe ser tratado. Lo mismo ocurre en los adultos, porque la memoria tiene buena memoria para los rechazos.

Esto sucede sobre todo si son rechazos amorosos, que resultan los más dolorosos por una respuesta cerebral y hormonal intensa que determina reacciones depresivas (tristeza, llanto, frustración, angustia, desinterés) o agresivas (ira intensa, violencia, destrucción) con consecuencias de riesgo y de enfermedades.

Aunque el rechazo duele a todos por igual, la capacidad de recuperación dependerá del tipo de personalidad, ya que quien tiene una autoestima más sólida es extrovertido y logra un mayor apoyo de otros. También se recupera más rápido y con menos secuelas negativas.


Comentarios de Vida Sana :

@CECILYA

01/05/2016
#F614757

Muy bueno este aporte Gracias--Cecilya
 




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