EL GATOPARDISMO: CAMBIARLO TODO PARA QUE NADA CAMBIE

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18/07/2019 | #N70046
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Uun concepto político según el cual en determinados momentos históricos se hace necesario crear una apariencia de cambio revolucionario con el fin último de que la base, el núcleo del sistema, permanezca incólume e inalterado. Este concepto está extraido del libro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “El Gatopardo”, una obra maestra de la literatura que también fue trasladada al cine de manera excepcional por el director Luchino Visconti.

Pienso a menudo en el libro “El Gatopardo”. Cada vez que veo cómo el enésimo salvador de la patria y defensor del pueblo alienta a las masas para que mueran en las calles por el “cambio definitivo” y veo a hombres, mujeres, niños y ancianos tropezando una y otra vez con las mismas mentiras, la misma demagogia y las mismas promesas incumplidas, acude a mi mente la sentencia que sobrevuela ominosa la obra de Lampedusa: “algo tendrá que cambiar para que nada cambie”. Fuegos de artificio, disparos sueltos, guerra de opereta, algunos muertos, nuevas banderas, nuevos lemas y savia nueva para seguir manteniendo la esencia del sistema. Es entonces cuando la terrible y angustiosa lucidez del libro de Lampedusa hace aflorar a mis labios una triste sonrisa de desencanto, y me invade la angustiosa certeza de que, en efecto, la mayoría de los cambios políticos, económicos y sociales tienen lugar para que “todo siga igual, pese a que todo haya cambiado”.

 

A Giuseppe Tomasi di Lampedusa le bastó con un solo libro para pasar a la historia de la Literatura, aunque no vivió para ver su obra publicada. Su obra fue rechazada por importantes editoriales. Como John Kennedy Toole con su “La conjura de los necios”, este rechazó le provocó una profunda amargura, aunque su desilusión no le llevó, como al norteamericano, al extremo del suicidio. Lampedusa murió de cáncer poco tiempo antes de que su libro se convirtiera en una de las obras cumbres de la literatura italiana del siglo XX y fuera llevado al cine de manera magistral por Luchino Visconti.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa nació en Sicilia en 1896 en el seno de una familia de rancio abolengo aristocrático. Era Príncipe de Lampedusa y Duque de Palma di Montechiaro. Era un aristócrata “al viejo estilo”, y como tal se comportó durante toda su vida, un noble linajudo y altanero al que le tocó vivir el fin de los últimos suspiros del agotado y marchito régimen aristocrático y su sustitución por la pujante burguesía, iletrada y vulgar, pero ambiciosa y económicamente potente. Sin duda, las vivencias de Lampedusa, a caballo entre los viejos aires de grandeza aristocrática y la realidad de la vertiginosa irrupción de los jóvenes y codiciosos burgueses, destilaron de manera lenta e imparable en su mente la génesis de “El Gatopardo”. Di Lampedusa estudió Derecho en la  Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Roma. Luchó en la Primera Guerra Mundial, fue hecho prisionero y escapó del campo de concentración donde lo habían recluido, volviendo a su casa al año de ser capturado. Durante el período de entreguerras, Lampedusa se dedica a viajar y a estudios privados de literaturas extranjeras. En 1932 se casa con la psicoanalista de origen letón Alexandra Wolff Stomersee, Licy, con la que se traslada a Palermo, si bien los continuos enfrentamientos entre su esposa y su posesiva madre provocan la vuelta de Alexandra a Letonia, desde donde volverá a Roma tras la ocupación soviética y la confiscación de las propiedades familiares. En 1934 fallece el padre de Lampedusa, heredando nuestro héroe el título y las posesiones de su progenitor. Giuseppe es llamado a filas durante la Segunda Guerra Mundial, pero su paso por el ejército es efímero. En 1943 el palacio familiar en Sicilia queda destruido por una bomba americana, lo cual deja a Lampedusa en una situación no demasiado boyante. Tras la finalización de la guerra y la muerte de su madre, el matrimonio vuelve a Palermo. En 1953 comienza a frecuentar un círculo de jóvenes literatos y pensadores, entre los que se encontraba Gioacchino Lanza, al que adoptaría posteriormente. A finales de 1954 inicia la redacción de “El Gatopardo”, finalizándola dos años más tarde. También escribe una serie de relatos, e incluso da comienzo a una novela nueva. No obstante, su incipiente carrera literaria se ve truncada por el diagnóstico de un cáncer, que finalmente acabaría con la vida de Lampedusa en 1957 sin ver publicada su obra.

“El Gatopardo” narra las vivencias de don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, cabeza visible de una aristocrática y decadente familia siciliana. El libro se inicia con el desembarco de las tropas de Garibaldi en la isla, en 1860, en pleno proceso de la unificación italiana. El príncipe encarna al Antiguo Régimen, cuyos últimos vestigios, anquilosados e inmovilistas, se ven brutalmente superados por el empuje de la ambiciosa y pujante burguesía. De manera lúcida e irónica, don Fabrizio comprende que los nuevos “chacales” que encarnan los nuevos tiempos tienen el dinero y la ambición necesaria para acceder al poder al poder, pero también aspiran a revestirse con la capa de honorabilidad y prestigio social de la antigua nobleza. El príncipe ve cómo su protegido, su sobrino Tancredi, un joven aristócrata sin más patrimonio que su título y su hambre de poder, colabora a que “todo cambie para que todo siga igual”, luchando primero en las filas garibaldinas y casándose posteriormente con la hija de un próspero y vulgar burgués, don Calogero Sedara, alcalde de la localidad de Donnafugata, localidad de veraneo del príncipe y su familia. Don Calogero pondrá el dinero y los recursos necesarios para hacer realidad las ambiciones políticas del joven, y obtendrá a cambio el barniz de honorabilidad y abolengo que desea desesperadamente para disimular sus oscuros orígenes.

Don Fabrizio asiste a todas estas maniobras y acontecimientos y los alienta, incluso en contra de la felicidad de su propia hija, pues comprende que es inútil resistir al embate de los aspirantes al poder que una aristocracia decadente y exangüe se ve incapaz de mantener. Desencantado, mordaz e irónico, el príncipe comprende que el mundo que él representa se apaga inexorablemente, que de la todopoderosa aristocracia que ha sido su mundo y el de sus antepasados solamente quedan fuegos de artificio, ridículas pretensiones de grandeza y vacío oropel, encarnado por el fastuoso baile al que asiste la familia Salina, por donde pululan nobles decadentes, engallados militares y arribistas de todo pelaje.

Es “El Gatopardo”, en definitiva, un clarividente y lúcido retrato del fin del poder aristocrático visto desde la nobleza misma, imprescindible para comprender la esencia de los cambios que encumbraron en el poder a la nueva y potente burguesía. Una obra maestra que bastó para que el nombre de Giuseppe Tomasi di Lampedusa fuera conocido mundialmente. Por si la repercusión de su libro no fuera suficiente, en 1963 “El Gatopardo” fue llevada al cine por Luchino Visconti. El genial toque del director y las maravillosas interpretaciones de Burt LancasterAlain Delon y Claudia Cardinale convirtieron la película en una obra maestra que no desmerece en absoluto a la obra de Lampedusa


Comentarios de Cortos :

@EDSANS

19/07/2019
#F666423

¡ Impecable Nota !
 

@CECILYA

19/07/2019
#F666433

Dantex, te mantenes en el podio del eclecticismo permanente ja,ja, es un aporte a la comunidad?
 

@SERAUNDIANUEVO

19/07/2019
#F666438

muy buena nota !!! gracias
 




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