AGNODICE DE ATENAS. UNA MÉDICA DISFRAZADA DE HOMBRE

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24/09/2019 | #N70564
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AGNODICE DE ATENAS. UNA MÉDICA DISFRAZADA DE HOMBRE.

Agnodice o Agnodike, fue una dedicada mujer, que nació y murió en Atenas, en el siglo IV a.C. Creció en el seno de una familia aristocrática ateniense y desde pequeña habría tenido grandes inquietudes por el estudio y el conocimiento científico. Ya en su adolescencia se inclinaba por ayudar a otras mujeres a enfrentar sus dolencias, inclinación que la llevó a estudiar todo lo relacionado con la medicina.
Si bien en ese contexto en el que creció Agnodice, le estaba prohibido a las mujeres el incursionar en carreras destinadas a los hombres; esta mujer tenaz y determinada, tuvo el respaldo de su padre, quien la estimuló y apoyó en su vocación. El respaldo paterno fue decisivo, recibiendo todo lo necesario para instalarse en Alejandría a fin de estudiar con el médico Herófilo de Calcedonia, una eminencia de la época, destacado por las finas disecciones y estudios en cadáveres humanos, que ayudaron considerablemente a estudiar anatomía.
En Egipto, aunque las mujeres jugaban un rol muy importante en la medicina, la influencia de los estudiosos griegos era considerable. Por ese motivo, entre otros, Agnodice se vio en la necesidad de hacerse pasar por hombre para que las puertas del campo de la medicina, no le fueran cerradas. Cortó su cabello, se puso vestimenta masculina y se dedicó a seguir su vocación.
De esa forma, aún teniendo que ocultar su identidad, Agnodice obtuvo su título en medicina especializándose, dada su preocupación por sus congéneres, en obstetricia y ginecología.
Pero los intereses de Agnodice no se limitaron a la medicina, también estudió acerca del conocimiento de los astros, proveniente de los caldeos de Mesopotamia, centrando su interés en los eclipses solares y lunares, planteando la teoría de que sucedían en un orden determinado.

Pero como ha sucedido tantas veces en la vida de mujeres como Agnodice, tuvo que enfrentar la discriminación por el sólo hecho de ayudar a otros siendo mujer. Se dice que un día, Agnodice iba de camino a su casa, cuando vio que una mujer en plena calle se encontraba con dolores de parto. Inmediatamente, se acercó a la mujer para atenderla; pero esta se negó creyendo que era un hombre, puesto que no quería ser tocada por él. Agnodice le susurró su identidad, y la parturienta, un poco recelosa, terminó con convencerse y permitió que la ayudara. El parto resultó sin problemas y la mujer, agradecida, la recomendó a sus amigas, las que acudían a Agnodice totalmente confiadas y guardando su secreto. Pero llegó el momento en que los médicos advirtieron que sus servicios ya no eran tan requeridos por las mujeres, ni siquiera por las más liberales. Así que confabularon en su contra, totalmente convencidos de que era hombre, iniciaron acusaciones por mantener intimidades ilícitas entre médico y pacientes. Las acusaciones resultaron en un juicio en el Areópago, donde fue llevada ante los arcontes y magistrados. Este tipo de delito era considerado grave, tanto que se contemplaba la condena a muerte. Pero Agodice tenía una prueba irrefutable para demostrar su inocencia, así que se desnudó completamente delante de ellos, demostrando que las acusaciones eran injustas porque era una mujer. Obviamente, no quedaron dudas de su sexo, por lo que se retiraron los cargos al instante, pero sólo para ser acusada de algo peor a ojos de los hombres que la hostigaban: ejercer la medicina siendo mujer. Pero entonces, un suceso imprevisto, giró las cosas a favor de la justicia, las mujeres atenienses que habían sido pacientes de Agnodice se decidieron a movilizarse en su defensa. Las esposas de los magistrados, presionaban a sus maridos para que Agnodice fuera absuelta. Otras, decidieron ponerse firmes ante sus parejas, negándose a tener relaciones y amenazando con no traer más atenienses al mundo. Según los relatos, decían: «Si Agnodice no puede acercarse a nuestros cuerpos enfermos, tampoco lo harán ustedes a nuestros cuerpos sanos»
Cuando las cosas estaban más difíciles, un grupo de mujeres se reunió delante del templo, decididas a acompañar a su médica, si esta era ejecutada. Cuando digamos eso de que "la unión hace la fuerza", seguramente recordemos este hecho, porque fue tan grande la presión que ejercieron estas mujeres, que los magistrados tuvieron que absolverla y permitir a Agnodice que ejerciera la medicina, pero esta vez, vestida como mujer.

Un año más tarde, gracias a estos sucesos, el consejo de Atenas derogó una ley que permitía a todas las mujeres estudiar y practicar la medicina. El único impedimento que pusieron a su libre ejercicio profesional, fue que sólo podrían atender a otras mujeres.

Es cierto que algunos investigadores han planteado la figura de Agnodice como un personaje mítico, surgido de leyendas. Pero publicaciones serias y reconocidas la citan como una mujer real, y una pieza clave en el campo científico de la época y de la historia.

Cayo Julio Higinio (64 a.C.-17 d.C.), el escritor latino originario de Hispania, quien fuera liberto de Augusto y encargado de la Biblioteca Palatina; menciona a Agnodice en reiteradas ocasiones, y de sus escritos podemos llegar a la conclusión de que fue primera mujer médica de Atenas. Higinio la cita como una partera y ginecóloga, de gran importancia en el campo de la obstetricia.

El erudito español Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676 - 1764), puso a Agnodice como ejemplo, diciendo que esta hacía el «uso más moderno del arte obstétrica», apoyando la posibilidad de que el sexo femenino pudiera dedicarse a la medicina de forma profesional.

En la Escuela de Medicina de París se exhibe una medalla que alude a Agnodice como la primera mujer, que quiso practicar la medicina y dedicar su vida a la ginecología.

Sin dudas, esta mujer contribuyó enormemente en su sociedad, no sólo practicando la medicina aún con riesgo de perder su vida, sino plantando la semilla de la lucha por la igualdad de derechos para todos los seres humanos, como tantas otras personas, hombres y mujeres, que pusieron su grano de arena para mejorar la calidad de vida de otros y que, tristemente, fueron olvidados por quienes escriben la historia.

Bibliografía:

"El legado de Hipatia: historia de las mujeres en la ciencia desde la antigüedad hasta fines del siglo XIX", Margaret Alic, Ed. Siglo XXI, 2005

"Diccionario biográfico universal de mujeres célebres", Volumen 1, Vicente Diez Canseco, Ed. J. F. Palacios, 1844, Biblioteca Nacional de Austria

"Las chicas rudas del pasado: 52 mujeres inolvidables que cambiaron el mundo", Mackenzi Van Engelenhoven, Grupo Planeta, México, 2018

"A to Z of Women in Science and Math", Lisa Yount, Infobase Publishing, 2007.

Fabiana Moreira Bonilla

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