Hipocondríacos en pandemia: Casos y Consejos


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09/08/2020 | #N73278
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Están los que se toman la fiebre a cada rato y los que descuidan una enfermedad crónica (y real) por miedo a ir a un centro de salud. 

Para muchos, salir a la calle se convirtió en una actividad de alto riesgo. Ir a un hospital, en un acto temerario. Un estornudo en la cola del supermercado, en una amenaza de muerte.

. El límite entre el cuidado y la paranoia empieza a ser difuso. ¿Acaso la pandemia de hipocondría se está cobrando más víctimas que la de coronavirus? ¿Tiene cura la infección del miedo?
 
 

El enfermo imaginario

“Siempre tuve tendencia a sugestionarme con enfermedades. De chico le pedí a mis viejos que me hicieran un electroencefalograma. Estaba convencido de que mis dolores de cabeza eran una epilepsia. No es algo constante en mi vida, pero es cierto que tuve muchos episodios en que sobredimensioné un poco las señales que me estaba dando el cuerpo. De todas mis experiencias, la pandemia fue la peor porque es la que más me dura en el tiempo. Me empecé a tomar la fiebre todos los días, incluso más de una vez. Por supuesto que no salí más a la calle ni para hacer las compras. Me da pánico. También hice algunas video consultas por otros temas: me tenían muy preocupado molestias gástricas y dolores de cabeza que mi clínico desestimó. Es que lo último que quiero es enfermarme justo ahora. La estoy pasando horrible”.  (Fernando, 41, contador).

 

Viven pendientes de esa tos que podría ser un síntoma de cáncer de pulmón o del dolor de cabeza que anuncia un tumor cerebral. Son expertos en escanear cada órgano en busca de amenazas y, no importa cuantos estudios o análisis desmientan su creencia, ellos insisten.

 

La hiponcondría es la convicción casi delirante de estar enfermo. Son personas que sobreestiman la probabilidad de enfermar y están demasiado pendientes sobre cómo funciona el cuerpo. Padecen lo que hoy se denomina ansiedad por la salud”, explica Enzo Cascardo, director del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad.

 

No son enfermos imaginarios. Están enfermos pero no de lo que ellos creen. Muchos pacientes que estaban mejorando hicieron una regresión por la pandemia.

María Teresa Calabrese, psiquiatra y psicoanalista

Para la psiquiatra y psicoanalista María Teresa Calabrese, son los mal llamados enfermos imaginarios: “Realmente están enfermos, pero no de lo que ellos creen. Sus familias, sus amigos e incluso sus médicos muchas veces se enojan con ellos por esto. Y en tiempos de pandemia, en los consultorios se observa que muchos de estos pacientes que estaban mejorando hicieron una regresión, volvieron a ponerse más cuidadosos y puntillosos. Es como si el exterior hubiera venido a validar lo que ellos sentían en el interior. Como si ahora nos dijeran: ¿Vieron que había que hacer ésto? ¿Vieron que yo estaba en lo cierto?”.

Si bien los pacientes con rasgos extremos de hipocondría son una porción pequeña de la población, en la era del coronavirus una enorme cantidad de personas pueden sentirse identificadas con sus temores.

“Yo diría que todo el mundo está con ansiedad hipocondríaca: hemos estado mucho tiempo casi sin salir a la calle, recibiendo información sobre contagios y muerte de manera permanente, lo que estimula esa sensación”, aporta Eduardo Burga Montoya, miembro de la Asociación Médica Argentina y titular de Psiquiatría de la Universidad del Salvador.

Pasé los primeros dias de cuarentena internada por una enfermedad con complicaciones hemorrágicas. Lo único que quería era salir cuanto antes. Tenía terror de contagiarme Covid.”

Irene, psicóloga

Pánico a los hospitales

“Unos pocos días antes de que empezara la cuarentena por la pandemia me internaron por una enfermedad con complicaciones hemorrágicas, por lo que pasé los primeros días del aislamiento en un sanatorio. Lo único que quería era salir cuanto antes. Tanto mi familia como yo estábamos aterrorizados por la posibilidad de que contrajera Covid de forma intrahospitalaria. El cuadro que me tenía en cama pasó rápidamente a un segundo plano. Una vez en casa me tranquilicé, pero como todavía tengo la movilidad de una pierna comprometida me pidieron que volviera al sanatorio a hacerme estudios. Fue una experiencia de mucha angustia, una sensación que no desapareció hasta que pasaron las dos semanas en que se supone que se manifiestan los síntomas. Todavía ahora me siguen pidiendo que me haga exámenes porque no puedo caminar bien, y la verdad es que prefiero posponerlos para cuando la pandemia esté más controlada. No quiero correr riesgos ni sentir otra vez ese nerviosismo, esa sudoración, ese estado de estrés que te deja el cuerpo extenuado por varios días”. (Irene, 66 años, psicóloga).

Durante la pandemia, el hospital devenido amenaza, representado como un foco infeccioso a eludir, se convirtió en un problema para numerosos sistemas de salud del mundo.

En nuestro país, según la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la República Argentina (ADECRA) y de la Cámara de Entidades de Diagnóstico y Tratamiento Ambulatorio (CEDIM), las consultas totales por emergencias en centros médicos cayeron un 70% en junio de 2020 respecto al mismo periodo del año anterior.

Los más afectados por la situación de pandemia son los que tienen una estructura narcisista patológica, un cuadro límite, una psicosis o directamente padecen una hipocondría delirante.

Eduardo Burga Montoya, Asociación Médica Argentina

Además, distintas asociaciones médicas ya advirtieron la gravedad de que los pacientes con patologías severas como las afecciones cardíacas o el cáncer dejen de concurrir a los centros de salud por el terror al contagio.

Entre aquella persona que concurre con todas las inquietudes del caso a hacerse un estudio que no puede postergar y quien abandona un tratamiento de una patología severa en estado de pánico hay una enorme gama de matices. En estos tiempos, la aprehensión nos atraviesa a todos, aunque no de la misma forma.

“Si en nuestro país calculamos la cantidad de gente que ha sido contagiada y sumamos los fallecidos, la cifra es pequeñísima con respecto a la población total. Sin embargo, esta pandemia sí afectó psicológica y psiquiátricamente a millones, a la mayor parte de la población”, afirma Burga Montoya.

No obstante, según este especialista, la hipocondría asociada a la pandemia y sus consecuencias tienen gradaciones según la estructura psíquica de la persona: “En el común de la población que se encuadra dentro de la neurosis, seguramente hay cierto nivel de aumento de la ansiedad porque la enfermedad es el tema recurrente en todos lados. Pero los más afectados son los que tienen una estructura narcisista patológica, un cuadro límite, una psicosis o directamente padecen una hipocondría delirante”.

¿Hay un antes y un después de la pandemia en el psiquismo de los argentinos? ¿Acaso el brote de coronavirus puede ser un disparador de una patología mental que haya que tratar aun cuando todo esto haya terminado? Para Cascardo la clave está en la intensidad de los síntomas, cuánto tiempo ocupan estos temores a enfermar en la cotidianidad de la persona y cómo afecta su calidad de vida.

“Un trastorno de ansiedad generalizada –afirma– que desencadena en monitoreo corporal y la sobreestimación de tener problemas de salud, hay que resolverlo con terapia y medicación en la mayoría de los casos. Un cuadro que 60 de cada 1.000 personas tuvieron, están teniendo o van a tener lo largo de sus vidas”.

Molière (Francia 1622-1673), autor de un clásico teatral sobre la hipocondria: "El enfermo imaginario".

Tuve Covid y lo peor fue el nivel de incertidumbre que te genera todo lo que no se sabe sobre sus consecuencias a mediano y largo plazo.

Martina, socióloga

Avalancha de (des) información

“Con este virus, el pánico a enfermarte no se termina ni siquiera una vez que efectivamente te lo contagiás. Tuve Covid y lo peor fue el nivel de incertidumbre que te genera todo lo que no se sabe sobre sus posibles consecuencias a mediano y largo plazo. Cuando me aislaron, las primeras horas en soledad fueron espantosas. Las pasaba googleando todo lo que le podía ocurrir a mis familiares si es que estaban infectados como yo. El bombardeo de noticias falsas y oficiales que se dicen y desdicen sobre posibles secuelas y riesgos hacen que el monitoreo constante del cuerpo no pare ni cuando te dan el alta. ‘Y si no recupero el gusto y el olfato como dice en esa nota?’ ‘¿Y si me queda una deficiencia pulmonar como leí en aquel portal?’ Es enloquecedor estar expuesto a todo eso, la paranoia no se corta nunca. Hay que ser muy racional y dejar de consumir toda esa avalancha de información confusa para preservarse”.  (Martina, 32, socióloga).

Carga viral, morbilidad, intubación: la jerga y el discurso médico monopolizaron la atención de la población durante los últimos meses.

Para muchas personas, esa nueva familiaridad no fue inocua, activó fantasmas y obsesiones, abrió un universo de nuevas amenazas y tuvo un agravante: el contenido impreciso y hasta malintencionado de parte de la información que circuló.

“Las tan mencionadas fake news –que además de no ser verdaderas suelen ser malas noticias– activan las respuestas de alarma que aumentan la ansiedad, la preocupación y el miedo. El cerebro no precisa experimentar en forma directa algo perjudicial para que surjan esas emociones como si estuviéramos viviendo esos hechos. Basta con enterarnos de algo negativo para que estos sistemas se activen y dificulten aún más nuestra performance en un contexto de por sí estresante como es una pandemia”, explica Cascardo.

En tiempos difíciles, ahuyentar fantasmas es prioritario si queremos reservar energía para las amenazas reales: “El consejo es que la gente siempre acuda a la información oficial porque es veraz a pesar de las contradicciones y errores que han tenido que corregir sobre la marcha”, afirma Calabrese.

Limitar la cantidad de tiempo que nos exponemos a las noticias y a las redes sociales, mantener nuestras rutinas pre pandémicas lo máximo posible, desterrar los cuidados exagerados “por las dudas” y evitar pensar en escenarios que no nos ocurrieron y que probablemente nunca jamás nos sucedan son otras recomendaciones importantes para generar anticuerpos contra la pandemia más extendida, la del miedo

Clarin viva .


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