CÓMO DEJAR DE SENTIRTE CULPABLE


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Publicado por
@ANGELDELCORAZON

24/05/2024#N85174

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CÓMO DEJAR DE SENTIRTE CULPABLE POR ALGO QUE HICISTE


 

¿Te machacas y te sientes culpable por algo que hiciste? ¿Te repites una y otra vez lo que has hecho mal? ¿Te recuerdas todo el tiempo lo que deberías ser y no eres?

Entonces puede que tus pensamientos se parezcan a estos:

“Deberías haber hecho esto, no deberías haber hecho aquello, no lo has hecho bien, no estuviste a la altura, has sido mala, le has fallado y no se lo merecía, la vida va a castigarte por esto, te mereces lo peor…”.

¿Te suena?

Cuando tu voz interior te habla de esta forma tan horrible, cuando te acusa por haberte hecho daño a ti o por haber hecho daño a otros, lo que se genera es un sentimiento de culpa, muy, muy perjudicial para tu autoestima y tu bienestar.

Por ejemplo, el sentimiento de culpa de alguien que cada día se propone no desahogar su frustración gritando a sus hijos y nunca lo consigue.

O el de alguien que no quiere volver a decir una mentira y vuelve a mentir una vez más.

O el de alguien que se ha propuesto no llamar más a ese ex novio y un día le vuelve a llamar…

Sea por el motivo que sea, la culpa nos hace sufrir, nos carga un peso enorme en la espalda y nos causa muchísimo dolor.

Y por supuesto que es necesaria, porque gracias a que sentimos culpa somos capaces de reconocer cuando nos hemos saltado una norma.

El problema es que no sabemos utilizar la culpa a nuestro favor.

Que en vez de usarla para informarnos la usamos para machacarnos.
Que en vez de permitir que nos avise de algo dejamos que nos haga un reproche.
Que en vez de aceptarla y resolverla nos quedamos dándole vueltas a lo que pasó.

Es decir, que la culpa es genial si te sirve para reflexionar sobre lo que hiciste, para tener una actitud comprensiva y compasiva contigo, para compensar lo que pasó y para evitar que se vuelva a repetir. Simplemente para eso.

En cambio, hablarnos fatal y tratarnos peor por algo que hicimos “mal” no cambia nada.

Sentirnos culpables, machacarnos y mantener eso en el tiempo no resuelve nada. Simplemente nos ata al pasado, hace que nos llenemos de miedo a volvernos a equivocar y no nos permite seguir adelante. Nos bloquea y nos paraliza.

Incluso hay quien, cuando se siente culpable, se autocastiga y hasta es capaz de provocarse dolor –físico o psicológico- a sí mismo para compensar lo que ha hecho.

Por todo ello la culpa es una palabra que, si de mí dependiera, borraría del diccionario. O, al menos, cambiaría la manera en la que la entendemos, tan influida por los aprendizajes cristianos que a muchos nos inculcaron de pequeños.

Los dos motivos por los que te sientes culpable

Principalmente, la culpa puede venir causada por dos motivos muy diferentes entre sí:

1.Porque te has saltado tus normas o porque tu comportamiento no se ha ajustado a tus valores.

Por ejemplo, una hija que se va de vacaciones cuando su madre está enferma y se culpa por ello.

Y en este caso lo único que funciona es la comprensión hacia ti mismo. Que muchas veces nos exigimos ser superpersonas, hacerlo todo bien y ser perfectos… Que vivimos desde el “tengo que” y el “debería”… Que nos ponemos metas tan imposibles de cumplir y expectativas tan altas que, así, el sentimiento de culpa está garantizado.

2.Porque te has saltado las normas de otros.

Esto puede ser aún más doloroso porque aquello por lo que te culpas ni siquiera está basado en tus valores ni en tus creencias de cómo deberías comportarte, sino en lo que los demás te han dicho que es lo correcto. Y aquí también puede servir el ejemplo de la hija que se va de vacaciones cuando su madre está enferma, si esa norma sobre cómo debería comportarse no es suya sino de otros.

En realidad a veces nos cuesta diferenciar lo que los demás nos han dicho que está bien con lo que nosotros creemos que está bien. Y nos volvemos estrictos, rígidos e inflexibles con nosotros mismos en base a normas que, si rascamos un poco, resulta que no son nuestras.

Seguro que a ti también te ha pasado… ¿Cómo darte cuenta? Piensa en algo por lo que te sentiste culpable… ¿Cuál fue esa norma que te saltaste? ¿A qué valor renunciaste? ¿Era tuyo o de otra persona? ¿Era lo que tú esperabas de ti o lo que esperaban otros? Piénsalo bien, no es tan fácil verlo…

Y, una vez que te hayas dado cuenta de ello, reflexiona sobre cómo quieres ser y atrévete a ser tú quien elija las normas y los valores con los que quieres vivir… Ten claro que mientras sigas viviendo en base a referencias ajenas no dejarás de sentirte culpable nunca.

Además, tampoco permitas que el miedo a sentir culpa te lleve a dejar de hacer lo que de verdad quieres hacer, a dejar de tomar tus propias decisiones y de vivir tu vida como tú quieres vivirla.

Toma conciencia de que querer ser una persona ejemplar para los demás puede ser la peor trampa para ti mismo. Como el caso de aquella Coachee que no se atrevía a separarse de su pareja porque era una “persona maravillosa” y tenía miedo de sentirse culpable si le dejaba.

Si tu caso es parecido, acepta que tienes derecho a elegir tu camino, que tienes derecho a elegir tus creencias y que tienes derecho a no sentirte culpable por dejar de actuar conforme a las normas de otros.

Siete pasos para liberarte de la culpa

Y, ahora sí, veamos cómo dejar de sentirte culpable por algo que hiciste:

1º. Reduce a tu Yo Ideal (cómo crees que tienes que ser y que comportarte) y acércalo a tu Yo Real (lo que en realidad eres y cómo te comportas en tu día a día).

Este es el primero paso, el más importante y la clave para que después vengan los demás.

Se trata de bajar las expectativas que tienes hacia ti mismo, de exigirte menos y de darte permiso para equivocarte.

De comprender que todos tenemos derecho a cometer errores, y tú también.

De dejar de vivir mirando hacia un ideal que otros te han vendido -y tú has comprado-, y al que parece que nunca llegas, y de empezar a quererte y aceptarte cómo eres.

Por ejemplo, de cambiar esa creencia absurda de que primero tienes que cumplir con tus obligaciones y que los momentos de placer sólo han de ser la recompensa final.

Y, ojo, que esto no está reñido con querer mejorar. Que por supuesto que puedes retarte y superarte, pero sin exigirte. ¿Cómo se hace? Bajando el nivel de exigencia (reducir el Yo Ideal) a la vez que te pones pequeños retos (aumentar el Yo Real). Esa es la manera de disfrutar siendo responsable. Porque, cuanto más grande sea la diferencia entre tu Yo Real y tu Yo Ideal, mayor será el sentimiento de culpa y la creencia de que no vales o no mereces.

2º. Compréndete.

Reflexiona sobre eso de lo que te culpas. Piensa por qué lo hiciste, cuáles eran tus circunstancias, qué motivos tenías, qué sentías, qué necesitabas y si tu intención era hacer daño a alguien o simplemente aportarte un beneficio a ti…

3º. Acéptalo.

Acepta que tal vez te equivocaste y no te juzgues más por ello. Piensa que eso no cambia nada de ti, que eres igual de válida, de digna y de buena persona.

Incluso date cuenta de que cómo se sientan los demás no depende de ti, que tú no puedes hacer feliz ni infeliz a nadie, que todos hemos de procurarnos nuestra propia felicidad…

4º. Perdónate.

Ten compasión contigo, piensa que lo hiciste lo mejor que supiste o que fuiste capaz en ese momento, date cuenta de que entonces no eras consciente o no sabías todo lo que sabes ahora, y perdónate.

5º. Reconoce el error.

“Sí, me equivoqué y me hago responsable. Lo admito y no me escabullo ni echo balones fuera”. Así de fácil, aunque a muchos les cueste una barbaridad decirlo.

6º. Repara el daño.

Tanto si se lo hiciste a otros como si te lo hiciste a ti, siempre hay alguna manera de reparar el daño. Ya sea pedir perdón, hacer algo que pueda compensar a esa persona o –en el caso de que con esa persona ya no sea posible- hacer algo equivalente al daño que provocaste aunque compenses a otra persona diferente.

7º. Piensa qué harías diferente la próxima vez.

Si la misma situación se repitiera en un futuro, ¿cambiarías algo? ¿El qué?

Por ejemplo, si te sientes culpable por haberte vuelto a olvidar de ti, tal vez en un futuro elijas respetarte y darte prioridad.

O si te sientes culpable por no haber ido a una comida que para ti era un compromiso, tal vez en un futuro elijas no decir que sí tan fácilmente.

Y siempre recuerda que la culpa es maravillosa si sacas provecho de ella y te llevas un aprendizaje, que todo pasa para algo y que no sabes lo que habría pasado de haberlo hecho diferente. Solo sabes lo que ha ocurrido esta vez y lo que quieres y eliges hacer con ello ;-).

Y recuerda que la culpa tiene mucho que ver con una falta de autoestima

 

 

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