Misteriosa realidad

Escrito por
@JORGE_MARCOS

19/04/2019#N69212

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Uno muere, y todo queda ahí, los sueños, las tareas de la casa, las deudas, los haberes, el auto nuevo, las risas, los amigos, el amor y el desencanto.

Uno muere, y se esfuma toda la importancia que conjeturábamos tener, la vida continua imperturbable con su paso cansino, el entorno supera el vacío y sigue impertérrito en las rutinas cotidianas.

Uno muere, y todos los problemas sucumben conmigo, porque ellos viven dentro de mí. Las cosas tienen la energía que ponemos en ellas y ejercen la influencia que les permitimos.

Uno muere, y el mundo se perfecciona en su caos, como si nuestro “estar o no”, no hiciera la menor diferencia. Y la verdad, es que no la hace. Somos pequeños, indolentes y vivimos olvidando que la muerte está al acecho.

Uno muere, ahora un parpadeo y al otro, ya estás muerto. Los viudos se casan, andan de la mano, van al cine, se divierten y uno, es sólo historia.

Uno muere, cuando menos se lo espera. ¿Porqué, quién espera morir? Si así fuera, tal vez procuraríamos vivir más bello. Vestir la ropa que nos gusta, oler al mejor aroma, viajar, amar sin medida. Incluso, esperar nada de los demás.

El tiempo vuela a partir de que uno nace, es un viaje veloz hacia un destino cierto y, aun así, hay quienes viven de prisa, sin percibir que cada día, es un día menos, porque el mundo se muere todo el tiempo sin prisa y sin pausa.

Y reflexiono; ¿qué estoy haciendo con el poco tiempo que me queda?

 

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