Escrito por
@JOSESE386

29/04/2025#N87917

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Se despertó súbitamente, manoteando el aire, como si hubiera estado sumergido. Lo último que recordaba era estar agachado, junto a sus compañeros. Unos truenos como nunca había escuchado, acercándose furiosamente, luego silencio, ahora esto.
El terror más profundo, penetraba no sólo sus huesos, sino su alma, paralizándolo, impidiéndole respirar. Atinó a gritar “¡Ay, Ñandejara!”, tratando de persignarse. Sus manos no le respondían.
Notó que estaba en un pozo, rodeado hasta las rodillas de un líquido frío y espeso, que intuía realidades nefastas que mejor desconocer. ¿Cómo había llegado allí? ¿Dónde estaban sus amigos? Nunca lo hubieran abandonado, imposible. Eran sus hermanos.
Con dificultad y desgano comenzó a tratar de escalar. Casi centímetro a centímetro recuperó el uso de su cuerpo, un sombrío estupor que no podía explicar lo envolvia.
El vaho hediondo, triste, emanando de todos lados, pero de ninguno, lo golpeó. Agrio, casi con forma, le penetraba todos sus poros, taladrándole el cerebro. La peor fetidez de alguna bestia muerta en los esteros de su pago natal no se comparaba.
Con mucho esfuerzo, lentamente, con las manos cubiertas de esa sustancia pegajosa, pudo salir del pozo, casi erguido, sus movimientos torpes, mezquinos e inseguros, comenzó a desplazarse. Sin rumbo racional, como por instinto.
Notó figuras a la distancia, con esos movimientos sin balance ni ritmo. Todo era gris y nebuloso. Todos iban solos, pero en la misma dirección.

A su
alrededor, gritos, que le crispaban su piel, de angustia, delirio y horror, mezclados con plegarias, se fue moviendo como en un purahéi ejecutado con mucha torpeza.

La bruma cedió levemente. Se escuchaba un susurro irónico que fue creciendo a medida que él continuaba moviéndose como en trance.
Fue sintiendo cada vez más cerca, eso que era como un canto maldito. Incongruentemente, vio unas flores rojas, en medio del gris profundo que permeaba todo.
Pensó: “Aquí, tan lejos de mis pagos, yerbas de la suerte en el medio de la nada”.
Se dio cuenta de estaban goteando algo rojo cobrizo, y además, brotaban también, cada vez más fuerte, como en un concierto dirigido por Mba'eve o algún otro demonio, unas rimas que eran en un idioma desconocido y a la vez familiar, como si fueran en el guaraní de su breve infancia, resonaban en su cabeza.
“En los campos de Flandes
crecen las amapolas.
Fila tras fila
entre las cruces que marcan nuestras tumbas.
Somos los muertos.
Hace pocos días vivíamos,
cantábamos auroras, veíamos el rojo del crepúsculo,
amábamos, éramos amados.
Jamás descansaremos,

aunque florezcan
en los campos de Flandes,
las amapolas.”
Se alejó con espanto, lo más rápido posible, trastabillando, cayéndose torpemente. Levantó su cabeza, un cartel agujereado decia “Puerto Argentino”.

 

Comentarios

@BLANCVA

29/04/2025

¡¡Te Felicito, José!!
Muy bien escrito. Cuánta ternura, cuántos recuerdos, cuánta emoción👏👏👏  
@GLORY2023

29/04/2025

¡Bravo, José! ¡Felicitaciones!
Muy bien escrito🥰
Me encantó.  
@JOSESE386

29/04/2025

Gracias a las dos, aprecio muchisimo el elogio, viniendo de Uds!  
@PATRICIA

29/04/2025

Muy bueno !! El dolor entre las tumbas que las amapolas no logran suavizar y el homenaje presente con Puerto Argentino, tan cercano que sigue latiendo.  
@DONTUM

29/04/2025

Guau!! Genial, José. El relato de va atrapando y llevando muy bien. Y el remate inesperado, pero hasta lógico. Gracias mil.

Dontum

¿Seguirás deleitándonos con escritos?  
@VIVIKEM

15/07/2025

Excelente y atrapante relato de una realidad que aún duele. El final, sublime. Gracias!!