Amigos de etapas intermitentes,otros p siempre

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@DANTEX

20/10/2026#N91581

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La reflexión de la escritora Laura Ferrero sobre la amistad: "Hay amigos de etapas, amigos intermitentes y amigos que se quedan para siempre"
La escritora Laura Ferrero reflexiona sobre cómo evoluciona la amistad con el paso de los años, clasificando los vínculos humanos en tres tipos clave que transforman nuestra manera de entender el afecto interpersonal
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ACyV
20/10/2026 - 16:02
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El concepto de la amistad evoluciona a medida que sumamos años y experiencias, un terreno a menudo escurridizo marcando por entradas, salidas y reencuentros que la psicología y la literatura buscan descifrar. La escritora Laura Ferrero ha profundizado en esta compleja red de afectos a través de un texto publicado en la revista ELLE, donde aborda el paso del tiempo, la lealtad y el peso que tienen las relaciones interpersonales en nuestro bienestar emocional. Apoyándose en una analogía que escuchó de una mujer en un congreso, la autora expone con claridad una realidad que muchos experimentamos pero pocos logran verbalizar: "Hay amigos de etapas, amigos intermitentes y amigos que se quedan para siempre". Esta tipología permite entender por qué ciertas conexiones nacen y mueren en circunstancias concretas, mientras que otras superan cualquier barrera temporal o geográfica.


Dentro de este mapa de relaciones, los denominados amigos por etapas o de contexto son aquellos que nos acompañan durante momentos muy delimitados, como el colegio, la universidad, una etapa laboral o la estancia en una ciudad determinada. Son vínculos caracterizados por una convivencia e intensidad altas, pero cuyo afecto suele desvanecerse de manera totalmente natural en cuanto el escenario compartido llega a su fin y tomamos caminos distintos. Frente a ellos emergen los amigos intermitentes, personas con las que no se mantiene una comunicación diaria ni constante, pero que poseen la capacidad de reaparecer en la ruta vital; al cruzar sus caminos de nuevo, la conexión y el cariño mutuo se reactivan al instante, como si los meses o años transcurridos no hubieran hecho mella en la relación.
Para profundizar en la raíz de esta afinidad tan singular, Ferrero rescata el ensayo clásico De la amistad, donde el filósofo Michel de Montaigne intentó dar nombre a lo inefable de su célebre vínculo con La Boétie. A diferencia de las alianzas impulsadas por mera conveniencia social o intereses compartidos, Montaigne defendía una identificación plena y radical de las personalidades, llegando a escribir: "Si me preguntan por qué amé a mi amigo, contestaré del único modo que ello puede expresarse: porque él era él y yo era yo". Esta premisa encaja con lo que los expertos en dinámicas de pareja y relaciones denominan amigos históricos o amigos raíz: aquellos lazos de núcleo incondicional que conocen el pasado de la persona, atraviesan múltiples fases vitales y se mantienen firmes tanto en los momentos de éxito como en las épocas más complejas, sin necesidad de aparentar nada.

La naturaleza cambiante del afecto humano
El análisis sobre el significado profundo del afecto interpersonal también ha sumado aportaciones desde el ámbito del ensayo contemporáneo y las dinámicas sociales. Libros recientes como La pasión de los extraños, de Marina Garcés, y Amistad: un ensayo compartido, de Jacobo Bergareche y Mariano Sigman, abordan este fenómeno desde perspectivas tan variadas como fascinantes. En la obra de Bergareche y Sigman se recoge un experimento en el que los autores conversaron durante cinco días con 75 personas emulando el banquete platónico. Entre las reflexiones destacadas figura la de la escritora Rosa Montero al ser preguntada sobre si su perra Petra era su amiga; Montero respondió tajantemente que no, argumentando que los perros pequeños son como bebés que devuelven ternura pero exigen cuidados continuos, mientras que la verdadera amistad exige "reciprocidad, admiración, la certeza de que uno cuida y también es cuidado", fijando de manera simbólica que un perro alcanza esa categoría de amigo de igual a igual "a partir de los 30 kilos".
Retomando la metáfora que articula la propuesta de Ferrero, las personas que transitan por nuestra vida actúan de forma similar a los caminantes con los que nos cruzamos en una ruta de largo recorrido. La autora lo explica al señalar que "los amigos son como los peregrinos que uno se cruza en el Camino de Santiago. Algunos caminan contigo una etapa, dos, y luego se esfuman. Crees que se han marchado definitivamente hasta que, de pronto, vuelven a aparecer, te saludan, te acompañan un trecho más y quizá se disipan de nuevo. Con algunos recorres apenas unos kilómetros; con otros, compartes la ruta entera. Esa es la enseñanza". Esta perspectiva ayuda a reducir la culpa y la frustración que suele generar el distanciamiento involuntario con antiguas amistades.

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La amistad no necesita palabras para recordarnos que no estamos solos; se mide por el espacio que ocupa y la lealtad con la que resiste al tiempo

Aceptar la naturaleza cambiante de nuestro entorno social resulta fundamental para construir relaciones sanas y libres de expectativas irrealistas a lo largo de las distintas etapas vitales. Entender la función de cada vínculo permite valorar tanto a quienes solo comparten un tramo del trayecto como a la lealtad silenciosa de esa minoría que permanece inamovible con el paso de los años. La amistad verdaderamente profunda, como esa metáfora del perro de 30 kilos, requiere ocupar espacio, sostenerse por su propia fuerza y recordar que la reciprocidad es el pilar central sobre el que se fundamenta la certeza de no estar solos en el mundo.

 

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