ES HORA DE CAUTERIZAR LAS VENAS DE AMÉRICA LATINA
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@OLIVOSCITY
ES HORA DE CAUTERIZAR LAS VENAS DE AMÉRICA LATINA
Hace muchos años la publicación del libro “Las venas abiertas de América Latina” de Alberto Galeano (en realidad Alberto Hughes Galeano, tal su verdadero nombre, descendiente de los Hughes, latifundistas británicos de Paysandú) tuvo un enorme éxito principalmente entre los intelectuales de la izquierda del continente. Decir “intelectuales de izquierda” es en verdad una redundancia porque los intelectuales latinoamericanos son invariablemente siniestros, por cuanto su posición política es generalmente de izquierda o izquierdosa. Los intelectuales de derecha o bien no existen o más bien están, no se sabe bien por qué, atemorizadamente ocultos.
La situación actual en América Latina nos hace reflexionar sobre el hoy envejecido best seller de pasadas décadas. En esa obra el autor pretendió cantarnos la vieja canción folklórica de que la culpa de nuestro atraso (económico, cultural, social, político, etc.) la tienen los otros, no nosotros que somos inocentes como niños pequeños. Es absolutamente cierto que en la historia de nuestros países y, aún antes de su formación, existió explotación despiadada y sometimiento a las grandes potencias del momento: Portugal, España, Holanda, Francia, Inglaterra y más recientemente, Estados Unidos, cada una a su turno.
Señalar que éste es el principal y hasta quizás único motivo de nuestro atraso significa ignorar que la responsabilidad que principalmente tuvieron nuestros antepasados españoles (los de Hughes Galeano, el autor, aunque no españoles, participaban también del grupo de los explotadores, no de los explotados) en la decadencia de nuestras naciones no fue de su exclusiva culpa. Este concepto básico del libro no pasa de ser una simpleza destinada a los simples. Porque, además, cuando arribaron las carabelas de los conquistadores de América los habitantes naturales pasaban todo el tiempo matándose entre ellos, sojuzgando unos a otros, efectuando sacrificios humanos hasta de niños y sometiendo a la esclavitud a poblaciones enteras. Imperios como el azteca o el inca se construyeron sobre montañas de cadáveres. No era América, de ninguna manera el idílico paraíso natural que imaginaba el siempre despistado Rousseau y ahora sus ingenuos continuadores.
Pensar de esa manera en que América era una Arcadia que los extranjeros vinieron a destruir no deja de ser una errónea simplificación. Ni los aborígenes eran unos angelitos caídos del cielo, ni tampoco lo eran los conquistadores. Porque además la historia enseña que a través de todas las épocas los conquistadores siempre subyugaron a los demás hombres a sangre y fuego. La misma enconada división entre los primitivos habitantes americanos fue utilizada por los recién llegados, como por ejemplo Hernán Cortés, que para la conquista del imperio azteca utilizó los servicios de otros indios enemigos de aquellos. Más adelante, en la época de la independencia y contrariamente a lo que dicen nuestros manuales escolares, hubo una verdadera guerra civil, donde en uno y otro bando había españoles y criollos.
De manera que nuestras rencillas y desencuentros vienen de larga data. Y llegan hasta el día de hoy donde podemos ver riñas por la instalación de fábricas de pasta de celulosa, discusiones sobre el precio del gas boliviano y su nacionalización, supuestos retiros de países miembros del Mercosur o de la Comunidad Andina de Naciones, violación de los tratados y acuerdos firmados, etcétera. Todos estos acontecimientos demuestran que en realidad en toda América Latina, por más reuniones de presidentes que se efectúen y almibarados discursos de amistad y hermandad, los verdaderos enemigos del progreso y de la integración no están afuera de nuestra región sino adentro. Muchos de los de afuera se deben estar restregando las manos de satisfacción mientras los latinoamericanos discuten y pelean. Mejor servicio a sus intereses no se les podría hacer sin que hayan movido un dedo.
Cautericemos de una vez por todas las venas abiertas de América Latina porque ya la exitosa frase carece de sentido, aunque seguramente nunca lo tuvo.
Hace muchos años la publicación del libro “Las venas abiertas de América Latina” de Alberto Galeano (en realidad Alberto Hughes Galeano, tal su verdadero nombre, descendiente de los Hughes, latifundistas británicos de Paysandú) tuvo un enorme éxito principalmente entre los intelectuales de la izquierda del continente. Decir “intelectuales de izquierda” es en verdad una redundancia porque los intelectuales latinoamericanos son invariablemente siniestros, por cuanto su posición política es generalmente de izquierda o izquierdosa. Los intelectuales de derecha o bien no existen o más bien están, no se sabe bien por qué, atemorizadamente ocultos.
La situación actual en América Latina nos hace reflexionar sobre el hoy envejecido best seller de pasadas décadas. En esa obra el autor pretendió cantarnos la vieja canción folklórica de que la culpa de nuestro atraso (económico, cultural, social, político, etc.) la tienen los otros, no nosotros que somos inocentes como niños pequeños. Es absolutamente cierto que en la historia de nuestros países y, aún antes de su formación, existió explotación despiadada y sometimiento a las grandes potencias del momento: Portugal, España, Holanda, Francia, Inglaterra y más recientemente, Estados Unidos, cada una a su turno.
Señalar que éste es el principal y hasta quizás único motivo de nuestro atraso significa ignorar que la responsabilidad que principalmente tuvieron nuestros antepasados españoles (los de Hughes Galeano, el autor, aunque no españoles, participaban también del grupo de los explotadores, no de los explotados) en la decadencia de nuestras naciones no fue de su exclusiva culpa. Este concepto básico del libro no pasa de ser una simpleza destinada a los simples. Porque, además, cuando arribaron las carabelas de los conquistadores de América los habitantes naturales pasaban todo el tiempo matándose entre ellos, sojuzgando unos a otros, efectuando sacrificios humanos hasta de niños y sometiendo a la esclavitud a poblaciones enteras. Imperios como el azteca o el inca se construyeron sobre montañas de cadáveres. No era América, de ninguna manera el idílico paraíso natural que imaginaba el siempre despistado Rousseau y ahora sus ingenuos continuadores.
Pensar de esa manera en que América era una Arcadia que los extranjeros vinieron a destruir no deja de ser una errónea simplificación. Ni los aborígenes eran unos angelitos caídos del cielo, ni tampoco lo eran los conquistadores. Porque además la historia enseña que a través de todas las épocas los conquistadores siempre subyugaron a los demás hombres a sangre y fuego. La misma enconada división entre los primitivos habitantes americanos fue utilizada por los recién llegados, como por ejemplo Hernán Cortés, que para la conquista del imperio azteca utilizó los servicios de otros indios enemigos de aquellos. Más adelante, en la época de la independencia y contrariamente a lo que dicen nuestros manuales escolares, hubo una verdadera guerra civil, donde en uno y otro bando había españoles y criollos.
De manera que nuestras rencillas y desencuentros vienen de larga data. Y llegan hasta el día de hoy donde podemos ver riñas por la instalación de fábricas de pasta de celulosa, discusiones sobre el precio del gas boliviano y su nacionalización, supuestos retiros de países miembros del Mercosur o de la Comunidad Andina de Naciones, violación de los tratados y acuerdos firmados, etcétera. Todos estos acontecimientos demuestran que en realidad en toda América Latina, por más reuniones de presidentes que se efectúen y almibarados discursos de amistad y hermandad, los verdaderos enemigos del progreso y de la integración no están afuera de nuestra región sino adentro. Muchos de los de afuera se deben estar restregando las manos de satisfacción mientras los latinoamericanos discuten y pelean. Mejor servicio a sus intereses no se les podría hacer sin que hayan movido un dedo.
Cautericemos de una vez por todas las venas abiertas de América Latina porque ya la exitosa frase carece de sentido, aunque seguramente nunca lo tuvo.
Comentarios
@MARINA
18/05/2006
María........ muy clara y precisa!!!!.
Algunos se animan a contar la otra historia y también algunos están dispuestos a conocerla, lamentablemente no todos!!!
Besos
Marina
Algunos se animan a contar la otra historia y también algunos están dispuestos a conocerla, lamentablemente no todos!!!
Besos
Marina
@OJOSVERDES
18/05/2006
disculpas a todos, no tengo animo para leer tantas cosas, cuando me cure empezare de cero... besos y toses
firmado
la ojos alias margarita gauthier
firmado
la ojos alias margarita gauthier
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