LOS EXPULSADOS DE LA SOJA

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@QUIQUERAF

03/04/2008#N20769

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REHENES DE MONSANTO

Dedicado a la gente del Mocase, y a los expulsados por la soja, la
codicia, la ineptitud de los gobiernos, las topadoras y los plaguicidas.


Por
CARTA A TODOS

Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías. Qué duro es
ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son
cómplices necesarios del país sojero. Qué duro es ver cacerolas
relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos
Aires. Que duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los
campesinos de Santiago del Estero. Que duro es ver a los estudiantes de
universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en
huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano. Que
duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes
movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron
a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a
familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita. Qué duro es ver
la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo
Grobocopatel. Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada,
de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja.
Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen
de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas
y sus agroquímicos. Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y
con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los
indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de
su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los
nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte. Qué duro es ver con
las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los
campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones
judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras
de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado. Qué duro es saber
que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el
cóctel de plaguicidas. Qué duro es comprobar que muchos productores,
gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por
los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales.
Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en
ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los
romperá en mucho menos tiempo. Qué duro es recordar que el 80% de los
bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no
ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable
es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes
naturales y de cultivos diversificados. Qué duro es observar cómo se
extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una
gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades
destruyendo ese monte. Qué duro es ver que el monocultivo de la soja
refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios
públicos y el silencio de la gente buena. Qué duro es saber que miles de
Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles
de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar
su ganado con soja. Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato,
endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal
de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de
ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el
estado no hace estudios epidemiológicos. Qué duro es saber que los
bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas
donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina
está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana. Qué duro es
comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las
topadoras y el monocultivo. Qué duro es comprobar que en nombre de las
exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de
generaciones de Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver las
imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas
sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni
piquetes, ni cacerolas que los defiendan. Qué duro es comprobar que
estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi
clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos,
mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco
semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas
plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin
saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo
bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos las
cacerolas abolladas vuelven a la cocina.
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ESTA VEZ SI ALGUIEN REAL Y CON SAPIENCIA



Dr. Raul A. Montenegro, Biologo
Presidente de FUNAM
Premio Nobel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia).
Profesor Titular de Biologia Evolutiva,
Universidad Nacional de Cordoba (Argentina)


 

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