De cómo Siqueiros volvió locos a los argentinos en 1933-
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@JONES
He aquí la inagotable historia de dos vidas. La primera ha sido estudiada ampliamente por especialistas del arte a lo largo del siglo veinte: se trata del mural de David Alfaro Siqueiros, “Ejercicio plástico’’, realizado por encargo en Buenos Aires hacia el año 1933 cuando este artista aún no había alcanzado reconocimiento internacional. La segunda existencia se ha mantenido en las sombras y no por ello resulta menos trascendente: tiene que ver con rocambolesco proceso de creación y del amargo destino final al que ha sido sometida esta obra de arte.
Aunque ingresó en Argentina para dictar tres conferencias sobre la creación artística en tiempos de la revolución mexicana, Siqueiros terminó pintando un mural para satisfacer las veleidades de Natalio Botana, disparatado magnate de las comunicaciones porteñas. La obra no corrió con ninguna suerte. Primero, lo ignoró el contratista del proyecto. Luego, fue frotado con ácido y tapado con cal por encargo de una familia que detestaba la “vulgaridad’’ de sus desnudos femeninos.
Polemista inagotable
Hacia tiempo ya que David Alfaro Siqueiros andaba en problemas. Sus desaveniencias con la revolución mexicana lo condujeron primero a la cárcel (1924), y luego al exilio uruguayo (1929), donde conoció a su esposa Blanca Luz Brum. Convocado por un galerista de moda de Los Angeles en setiembre de 1932, pintó el mural “La América Tropical’’ en una de las fachadas del Plaza Art Center en Olvera Street, con todos sus pensamientos estéticos y revolucionarias en mente. Pero esa creación no soportó la polémica de su inauguración y Siqueiros tuvo que aceptar de apuro una invitación de la escritora argentina Victoria Ocampo, para dictar tres conferencias en la Sociedad de Amigos del Arte de Buenos Aires. Tenía 39 años.
La mitología alrededor de Botana podría abarcar varios tomos de una biografía irrepetible. Aseguran que abastecía a la redacción de cocaína para soportar las tensiones del cierre; que apoyó primero el golpe de estado de Uriburu y luego exigió la restitución democrática; en fin, que obligaba a los políticos a negociar en su mesa de redacción. Quienes lo conocieron, establecen similitudes entre Botana y Hearst, el empresario norteamericano de los medios de comunicación que inspiró a Orson Welles en Ciudadano Kane (1941).
Los interiores de esta casa constituían un repertorio del nuevorriquismo más vulgar: arañas con setenta velas en techos saturados de relieves; sistemas complicados micrófonos y parlantes que comunicaban las pajareras del jardín con la cama del dueño de casa, imitando los sonidos de un despertador; chimeneas, patios y puentes con ríos, todos en estilos incompatibles. En estos escenarios Botana ofrecía fiestas pantagruélicas, en una de las cuales hizo coincidir al hijo de Mussolini con el fundador del partido comunista argentino, Victorio Codovilla.
Al igual que había ocurrido en procesos previos en Estados Unidos, Siqueiros buscó un grupo de artistas locales (Berni, Castagnino, Spilimbergo, y el uruguayo Lázaro) para que lo acompañaran en producción del mural. Había decidido crear “una visión algo etílica, como la estar parado en el centro de una burbuja transparente en el fondo del mar’’. Esto se tradujo en una serie de cuerpos femeninos desnudos que se deforman y fusionan a lo largo y ancho de las paredes, techos y pisos. La musa era Blanca Luz Brum, esposa de Siqueiros, quien posó desnuda dentro de un cubo transparente mientras la fotografiaban. Después proyectaban sus imágenes en las paredes como bocetos.
Enredo legal
Lejos del centro de Buenos Aires, la casa comienza a perder interés para la familia Alsogaray. Cambia de propietario y los años le caen encima como una maldición. Sólo se acuerdan de ella parejas de enamorados furtivos, apurados por hacer el amor en cualquier rincón del sótano. En 1988 un grupo de socios funda la empresa Seville. Han leído Muralistas mexicanos, y se enteran de que el Instituto Getty recuperó los murales tapiados de Siqueiros en Los Angeles. Advierten un negocio en puertas. Y compran el lote de la casa. Sólo les interesa el sótano.
Nota de Sergio Dahabar, periodista Colombiano.
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