Que mal está el mundo

Escrito x @EMILEO_JORGE

17/12/2017 | #N65108
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-“¡¡Pero, que pedazo de hembra!!, recuerdo que me dije, mentalmente.

Estaba parada frente al cartel indicador de los horarios, en la estación de trenes de Lacroze. Parecía perdida. Mirando inquisitivamente para todos lados. Como esperando algo. Carita chata, de rasgos indios. Genuinamente guaraní. Con la belleza de la raza y sus no mas de 19 añitos. Flaquita, bien formada y esa sutil diferencia de la sensualidad a flor de piel que divide a las preciosuras de las mujeres comunes. Vestido de algodón sencillo, blusita arriba, sandalias, y la maleta de cuero duro atada con hilo sisal al costado, apoyada en el suelo...

-“¡Que linda indiecita me voy a comer!”, pensé. “Está preciosa. Es de las mejores presas que he cazado en mi vida”.-

Porque yo había ido a cazar mi presa mensual. Seguía la costumbre que, durante años, mi padre había seguido. Todos los meses venía a la estación Lacroze a buscar paraguayitas que llegaban con el tren desde Posadas. Yo seguí siempre sus indicaciones...“las elegís jovencitas y si es posible del campo. Son mansitas y crédulas. Aflojan fácil. Sobre todo, trata de ver cual es la que vino a la ciudad en busca de fortuna. Vienen cargadas de ilusiones, se comen cualquier verso.”

Siempre me decía el viejo: “La compras con un ramo de rosas y la impresionas con el centro y el auto. Le haces el verso del porteño gaucho y solidario. Le decís que podes buscarle trabajo, inventa un amigo tuyo que necesita una chica, la convences que mañana pueden ir a verlo y seguro que le conseguís el puesto. Hablá de mucha plata”. “La llevas a pasear. Eso sí, en algún momento tenes que hablarle de cariño, que te gustó mucho, les encantan las historias de telenovelas. Deliran con venir a Buenos Aires y encontrar el príncipe azul que soñaron. Le paseas por Palermo, la invitas a una cena, le ofreces un lugar donde dormir y te la vas ganando tranquilo, sin apuro.”

Me aconsejaba: ...“las llevas al bulín. Entras con el coche al garaje para que no pueda ubicar el lugar y volver. A la mañana la sacas para la supuesta cita. La dejas en un bar alejado. Le pedís que te espere y ...arrivederci. Si te he visto no me acuerdo. Te comes una guaraní tiernita y, si querés, sin forro. Total ¿cómo te ubica? ¿Que hace un indiecito mas?.”

Y durante años le seguí el consejo. Eso sí, con forro. Por el Sida, saben. Por dejarlas con panza no, total, estas tienen hijos como conejas. Y me bajé a varias. Entran fácil. Son muy crédulas. Es increíble la rapidez con la que se comen el cuento. Un poquito de charla, un poquito de vareo, restaurante mas o menos pintón y ... al catre. Y esta era una de las mejores que jamás tuve a tiro. Me acerqué y empecé el verso.

-“Tenés cara de perdida. ¿Esperás a alguien?”.-

-“Sí. El patrón no vino, che”.-

-“¿Tenías que encontrarlo acá?”.-

-“Sí, mi tía trabaja con él, me dejó un mensaje en lo de mi prima, la Caro. Me tenía que vení a buscar acá, pero hace tres horas que espero y nada, che. Pa’ peor perdí el teléfono pa llamarlo.”

-“Mira, yo tenía que venir a ver a una chica de parte de un amigo mío que tiene un restaurante. No pudo venir y tenía que avisarle que pasaban la cita para mañana. Pero las señas que me dio no encajan con vos. ¿Te llamas Vicenta?”.-

-“No, Micaela. Y venía po’ un trabajo de mucama. Pero ya veo que me voy a tené’ que volver”.-

-“Qué lástima, tanto viaje para nada. ¿Venís de Posadas?”.-

-“No, de Villarrica”.-

No puedo tener tanta suerte, pensé. Recién llegada de pleno monte. A esta le hago el cuento sin problema.

-“Si tuvieras alguna seña de donde vive tu patrón, te ayudo a buscarlo”.-

“No, che, no sé. Me confié en que venía acá. No voy a tene’ mas remedio que volverme”.-

-“A qué hora sale tu tren?”.-

-“A las ocho. Falta mucho. Me vo’ a comer unas tortillas en el puesto de ahí afuera. Tengo hambre”.-

-“Te propongo algo. Como yo no encuentro a la tal Vicenta, vamos enfrente a la Confitería Santa Marta, que hacen unas facturas bárbaras y nos tomamos un té o un café. Te invito”.-

-“No sé, che. No te conozco”, dudó.-

-“Y decime, ¿me tenés que conocer mucho para tomar un té conmigo?.-

Cuando se sonrió y miró al piso yo supe que estaba en el lazo. No me costó convencerla. Un poco de charla, sonrisas, buena onda. Aceptó, después de jurarme que ni bien terminaba el café, volvía a la estación a esperar el tren.

Me ofrecí a llevarle su maletita. ¡¡¡Cómo pesaba!!! Me dijo que le traía a su tía dulces y conservas que le mandó la familia. Fuimos al bar y comió como si se acabara el mundo. Pobrecita. Tenía un hambre bárbaro. Todo el resto se cumplió con la meticulosidad de una trampa bien aceitada que no le dejó escapatoria. Tomando el té, a mi “se me ocurrió” la idea de decirle a mi amigo porqué no le ofrecía a ella el puesto de mesera.

-“No va a haber problema. Yo te recomiendo y te salgo de garante. Mi amigo, conmigo, no se va a negar.” Le sugerí.-

-“No sé, che. Ta’ buena la posibilidad, pero yo venía pa’ quedarme en una casa. De mesera no sé nada. Y además, ¿dónde vo’ a vivir?”. Me preguntó.-

-“El trabajo es fácil de aprender y de propinas nomás sacas no menos de cien pesos por día. Arriba del restaurante hay una piecita, donde al principio podes quedarte a dormir hasta que consigas algo, varias de las chicas que trabajan ahí lo hicieron.” Insistí.-

Ya cuando aceptó aprovechar el tiempo para que la lleve a conocer la ciudad antes de irse, había entrado totalmente en confianza. Cuando fuimos a pasear en bote por Palermo ya había dejado de preguntar a que hora se iba el tren. Cuando caminamos por el Rosedal le pasé el brazo por el hombro y se movió nerviosa, pero no lo sacó.

El primer beso fue en el Patio Andaluz. Ya había aceptado mi plan de quedarse para ver a mi amigo mañana con la garantía de mi parte que le ofrecía un lugar donde dormir sin ningún compromiso. Una pizza en Los Inmortales. Caminata por el Centro. Cuando llegamos al bulín ya le estaba hablando de lo mucho que me gustaba, de lo linda que era, de lo poco que me costaría enamorarme de ella.

Jamás reclamó que cumpla el compromiso de respetarla. Me costó un poco más cara que las anteriores, pero valió la pena. ¡¡¡Qué pedazo de hembra!!! Fogosa ardiente, devoradora. Tenía la candidez de la edad y el ansia de descubrirlo todo. Fue una encamada memorable. No la podía saciar. Quería más y más, y estaba como para darle el gusto. Me dejó destruido. Mas que dormirme, cuando terminamos, me desmayé.

A la mañana, después de una ducha con mimos y un regalo mañanero de Micaela tan delicioso que casi me hace salir tarde, fuimos para el supuesto restaurante de mi amigo. Era tan buena en la cama que me vi tentado, rompiendo la rutina y las normas que me impuse, a tenerla de nuevo. Pero, yo tenía el verso hecho a mi señora de una reunión de trabajo en Bolivar una vez por mes y no quería poner en riesgo la coartada para mis trampas mensuales. Hay que cuidarse mucho. Micaela estaba buena pero... ¡la familia es la familia!

-“Es mejor que hable yo primero a solas con mi amigo. Estoy seguro que te consigo el puesto. Pero deja que lo ablande para arreglar lo de la piecita”. Le sugerí. “Vos espera en este bar, esta a pocas cuadras, después te vengo a buscar y vamos al departamento a pasar la tarde juntos.”

Besitos, mimos, chaucitos. Bajó con su maletita.

- “Ya vengo. No tardo mas de media hora, tres cuartos a lo sumo. Tomate un desayuno. Yo te invito”.- le dije mientras llevaba la mano para sacar la billetera.

¡Cómo se enojó! Ni permitió que saque la billetera. Me dijo que tenía dinero. No quería que yo pensara de ella que quería aprovecharse.

- “Yo tengo mi plata. No va’ a pensar que quiero vivir a naides” me dijo con cara de seria y orgullosa. Debía imaginarse como una heroína de las telenovelas baratas que miraba.-

Yo me hice el conmovido. Le partí la boca de un chupón y le dije:

-“Chau, mi cielo, no tardo”.-

Y por dentro mío pensé...”Que pelotuda divina”. Me fui despacito para el barrio. Dejé el coche en el lavadero de siempre y llamé a mi señora para avisarle que había vuelto de Bolivar. Muy cansado.

-“Arreglo unos papeles del trabajo y voy para casa” le dije.-

Cuando fui a pagar en el lavadero tuve la primera sorpresa. La billetera estaba vacía. Pensé que me había olvidado el dinero arriba de la cómoda. Pero al no ver los diez dólares que hace años llevo como cábala, empecé a pensar lo peor. En el lavadero dije que me había olvidado el dinero y, como soy cliente, me fiaron.

Salí de raje para el bulín y ahí me cayeron todas las fichas. Gemelos de oro, trabas de corbata, perfumes, pañuelos de seda, corbatas, cintos, el cenicero de plata. Todo lo que era pequeño y de valor se lo había llevado la turra esta. Hasta la cafetera y la sandwichera eléctrica. Con la guita de la billetera, no menos de veinticinco lucas. En el mueble bajo mesada había una pila de diarios viejos. Diarios que por supuesto tenía dentro de la maletita para que estuviese pesada y yo no note todo lo que se llevaba. Me gastó hasta dormirme y después, me desvalijó. Y pegado a la heladera descubrí un papel con un escrito en marcador rojo que decía = “Esto es por mi prima y por todas las pibas que debes haber jodido, turro. Me saqué selfies en la cama, desnuda, con vos al lado. Se las mando de regalo a tu esposa” firmada “la inocente paraguayita” y una sonrisa dibujada con labial.

¡¡¡Que podrido que está todo, que mal está el mundo!!! Ni en las pibitas que vienen del campo se puede uno confiar. Por eso, con toda razón y justicia, me salió de adentro la bronca

-“¡¡¡¡ Qué mal que está el mundo !!!!! “¡¡¡Paraguaya y la repu.......!!!”
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Comentarios de Cuentos :

@MARITINA

17/12/2017
#F650351

Que mal está el mundo!...No se puede confiar en nadie!!!...jajaj

   




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