Escrito por
@JANET

05/08/2024#N85792

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Hacíamos cosas, pequeñas cosas, insignificantes para los seres comunes, y creábamos, sin saberlo, recuerdos inmortales, que burlaban sinuosos nuestras mentes y a las memorias que pasivamente ellas atesoraban, para guardarse inalterables y ardientes en nuestros corazones. Y comprendimos que la eternidad era la mezcla de nuestros tiempos saturados de cenizas, cargas constantes de humo que llenaban la habitación, que terminaban en abrazos desnudos y libros de poesía. Noches irrepetibles, a veces silenciosas, otras ruidosas, pero nuestras, furiosas y siempre nuestras.

Y salíamos de madrugada, a caminar, a desplazarnos por la plaza principal, sin preocupaciones, en un recorrido larguísimo, olvidándonos del tiempo y de la madurez de la noche, del viento frío que acariciaba nuestros rostros y congelaba tu nariz. Y hablamos de cualquier tontería que resultaba de supremo interés y vigilábamos el recorrido de la luna y la mirábamos perderse en algunas nubes y atrás de algunos árboles, para después aparecer y yo la miraba, y miraba como iba alumbrando tu pálido rostro y tus labios rosados que se movían recitando de memoria poemas de O´neill, Espanca y de Coronado. Y yo cerca a ti respirando tu aliento a menta, tratando de seguirle el ritmo a tu frenesí descontrolado y apasionado de poetas y poesía.

 

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