Helmut, el imperecedero

Escrito por
@HRUIZEC

12/10/2024#N86234

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Helmut, el imperecedero

La semana pasada tuve que viajar a Bellagio para ver la localización de un terreno para construir una casa. Mi socio – también arquitecto – no pudo venir así que me largué solo. Lo tomé como un paseo de fin de semana, a sólo dos horas de Milán, incluyendo una hora de navegación por el Lago di Como.

Apenas me registré en el hotel, dejé la maleta y salí a recorrer el pueblo, sin rumbo. Era un hermoso día de primavera, diáfano, con una leve brisa fresca que llegaba de los Alpes suizos, siempre majestuosos con sus picos nevados.

A poco de andar me crucé con un señor mayor paseando un perrito. Típica imagen del lugareño, antiguo morador. Como no lo haría en Milán con un desconocido lo saludé amablemente, simplemente como un gesto de simpatía.

Al cabo de un rato, conversábamos animadamente. Hablaba perfecto italiano pero con un acento que me pareció alemán. Para mi sorpresa no resultó ser un vecino antiguo de Bellagio sino un residente de tan sólo un año en el lugar.

Alguien pasó y lo saludó “Buongiorno signore Helmut”.

Este signore Helmut me contó de sus varias mudanzas, la última desde Bilbao.

Antes de decidir si me explicaba el porqué de tantos cambios de radicación, me miró fijo a los ojos un momento como sopesando si era merecedor de recibir un secreto precioso y celosamente guardado.

- No solamente se envejece por el paso del tiempo, sino también por presencia. – sentenció con cierta solemnidad. Viendo que mi reacción era neutra, consideró agregar: - Cuando usted vive mucho tiempo o todo el tiempo en un mismo lugar, sea un barrio o una ciudad, probablemente cerca de familiares, va creciendo y dejando rastros de su vida. Estarán sus padres o sus tíos recordándole hechos del pasado, cuando no ¡ una fotografía! Y ahí vendrán los comentarios: qué chiquillo tan lindo eras, y qué regordete o mírate cuando cumpliste dieciocho años o mira, aquí estamos en el casamiento de la sobrina Evelyn allá por el sesenta y pico…¡y tenías cabello! –

Y siguió, entusiasmado: - En cambio, aquí nadie vendrá a recordarme acontecimientos pasados y mucho menos fotografías de tiempos de juventud. Así es que yo vivo atravesando el tiempo, pero no tengo pasado. En los últimos treinta años me mudé diez veces de ciudad y de país. Con mi ausencia le gané años al tiempo. –

- ¿Solo? – le pregunté ya más interesado por su teoría.

- ¡Claro! – expresó secamente y mirándome con cierto desdén. – Si una pareja no piensa exactamente como tú, será como un reportero que te acompañe y quiera dejar testimonio de todo. -

Dicho esto, herr, signore, señor, mister, monsieur Helmut, me saludó respetuosamente y siguió con su paseo, del que no quedaría registro, con su edad indefinida y su pretensión de no tener pasado, algo sólo reservado para los niños y los desmemoriados.

H. Ruiz Echazú ©

 

Comentarios

@BETIANABIB

12/10/2024

Efectivamente; de esta manera  el Sr. Helmuth sería siempre joven,  sepultando recuerdos que prefería olvidar.

Por otro lado,  se mencionan lugares donde estuve y me resultaron maravillosos: Milán, el Lago de Como. Gracias por eso!.  
@HRUIZEC

13/10/2024

Gracias Betiana.