Cosas Ordinarias pero extraordinariamente bien
Publicado por
@DANTEX
A menudo creemos que la felicidad o el éxito están reservados para quienes logran hazañas grandiosas: montar una empresa millonaria, publicar un libro que cambie el mundo, dar una conferencia que conmueva a miles de personas.
Sin embargo, si miramos nuestra vida con atención, veremos que no está hecha de esos momentos excepcionales. Está tejida, en su gran mayoría, de rutinas, gestos sencillos, conversaciones de pasillo, correos que enviamos, saludos entre colegas y comidas compartidas. Es en esa aparente “normalidad” donde se gesta, en realidad, la grandeza.
O al menos, eso es lo que el experto en psicología positiva, Víctor Küppers, afirma en sus conferencias. Porque desde su perspectiva, “la vida no va de hacer cosas extraordinarias, va de hacer las cosas ordinarias de cada día de forma extraordinaria”.
Una vida extraordinaria
¿Alguna vez has sentido que tu vida no tiene sentido? Que todos los días son iguales, que no sucede nada emocionante, que nunca te pasa nada especial… Que es, sencillamente, una serie de días que pasan, bastante similares entre sí, y sin acontecimientos realmente importantes. Una vida, sin más.
Si te has sentido así es porque no te has parado a pensar en lo maravilloso que es que existas. Que respires cada día. Que te levantes por las mañanas y al abrir el grifo salga agua limpia. Que, al darle a un botón, tu cafetera haga café. Que al mirar al cielo estén allí las nubes, el Sol, la Luna, las estrellas. Y no te has parado a pensar en que la única persona que puede hacer que tu vida sea extraordinaria eres tú.
Es la trampa de la rutina. No porque haya nada de malo en tener una vida rutinaria, sino porque cuando nos sentamos frente a la televisión, en el cine o incluso ante un libro, consumimos historias que carecen de cotidianeidad. En las comedias románticas no aparecen los viernes por la tarde haciendo la compra en el supermercado. Las historias de éxito no hablan de las largas horas invertidas en formación. E incluso las ficciones sobre la amistad no nos cuentan esas semanas en las que resulta imposible cuadrar la agenda.
Nadie limpia los baños, cocina, manda emails, rellena formularios, baja la basura, hace la compra o se toma un café rápido con su compañero junto a la cafetera en las historias que nos han contado. Y deseamos que nuestra vida sea como nos la han vendido, sin darnos cuenta de que lo extraordinario está en nosotros.
Aprende a ser extraordinario
Si dejamos de lado las expectativas de grandeza, descubrimos que, como dice Küppers, la vida no va de hacer cosas extraordinarias, sino de hacer que las pequeñas cosas ordinarias de cada día sean extraordinarias. Y para eso, la clave es nuestra actitud.
“En un mundo en el que es fácil caer en la rutina, en la inercia, en la monotonía, la mediocridad”, explica Küppers, “es fabuloso encontrar a personas que cuidan los pequeños detalles, que le ponen pasión, que le ponen cariño, esas son las personas grandísimas”.
En ocasiones nos sucede porque lo damos por sentado. Preparar la comida para tu familia no te resultaría aburrido si pensaras que es la última que vas a servir en la mesa. También creemos que nuestros actos no tienen impacto sobre los demás, y ese mail que envías sin tener en cuenta al otro puede alegrarle el día a una persona. Creemos que la vida es infinita, y nos olvidamos de nuestro poder de influir sobre ella. Y estos dos errores nos dirigen hacia el desastre
Sin embargo, si miramos nuestra vida con atención, veremos que no está hecha de esos momentos excepcionales. Está tejida, en su gran mayoría, de rutinas, gestos sencillos, conversaciones de pasillo, correos que enviamos, saludos entre colegas y comidas compartidas. Es en esa aparente “normalidad” donde se gesta, en realidad, la grandeza.
O al menos, eso es lo que el experto en psicología positiva, Víctor Küppers, afirma en sus conferencias. Porque desde su perspectiva, “la vida no va de hacer cosas extraordinarias, va de hacer las cosas ordinarias de cada día de forma extraordinaria”.
Una vida extraordinaria
¿Alguna vez has sentido que tu vida no tiene sentido? Que todos los días son iguales, que no sucede nada emocionante, que nunca te pasa nada especial… Que es, sencillamente, una serie de días que pasan, bastante similares entre sí, y sin acontecimientos realmente importantes. Una vida, sin más.
Si te has sentido así es porque no te has parado a pensar en lo maravilloso que es que existas. Que respires cada día. Que te levantes por las mañanas y al abrir el grifo salga agua limpia. Que, al darle a un botón, tu cafetera haga café. Que al mirar al cielo estén allí las nubes, el Sol, la Luna, las estrellas. Y no te has parado a pensar en que la única persona que puede hacer que tu vida sea extraordinaria eres tú.
Es la trampa de la rutina. No porque haya nada de malo en tener una vida rutinaria, sino porque cuando nos sentamos frente a la televisión, en el cine o incluso ante un libro, consumimos historias que carecen de cotidianeidad. En las comedias románticas no aparecen los viernes por la tarde haciendo la compra en el supermercado. Las historias de éxito no hablan de las largas horas invertidas en formación. E incluso las ficciones sobre la amistad no nos cuentan esas semanas en las que resulta imposible cuadrar la agenda.
Nadie limpia los baños, cocina, manda emails, rellena formularios, baja la basura, hace la compra o se toma un café rápido con su compañero junto a la cafetera en las historias que nos han contado. Y deseamos que nuestra vida sea como nos la han vendido, sin darnos cuenta de que lo extraordinario está en nosotros.
Aprende a ser extraordinario
Si dejamos de lado las expectativas de grandeza, descubrimos que, como dice Küppers, la vida no va de hacer cosas extraordinarias, sino de hacer que las pequeñas cosas ordinarias de cada día sean extraordinarias. Y para eso, la clave es nuestra actitud.
“En un mundo en el que es fácil caer en la rutina, en la inercia, en la monotonía, la mediocridad”, explica Küppers, “es fabuloso encontrar a personas que cuidan los pequeños detalles, que le ponen pasión, que le ponen cariño, esas son las personas grandísimas”.
En ocasiones nos sucede porque lo damos por sentado. Preparar la comida para tu familia no te resultaría aburrido si pensaras que es la última que vas a servir en la mesa. También creemos que nuestros actos no tienen impacto sobre los demás, y ese mail que envías sin tener en cuenta al otro puede alegrarle el día a una persona. Creemos que la vida es infinita, y nos olvidamos de nuestro poder de influir sobre ella. Y estos dos errores nos dirigen hacia el desastre
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