¡¡¡¡AH EL PERFECIONISMO!!!!!!

Publicado por
@DANTEX

28/11/2025#N89347

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Yo me lo imagino como un evaluador, como los de la autoescuela, que me sigue a todas partes.

No lo veo, pero siento que está ahí.

Con una libretita y un boli apuntando todo: todo lo que hago mal, todo lo que podría haber hecho mejor, todo lo que “debería” estar haciendo y no hago…

En mi mente mi perfeccionismo hace ruiditos de desaprobación y gestos con la cabeza todo el rato.
No levanta la voz, no hace falta.

No sé si tú también has sentido esa presencia, observando cada gesto, cada palabra, cada pausa.

Y ya sabes que por mucho que te esfuerces, para él nunca nada será suficiente.

Otra cosa que hace este personajillo es compararnos constantemente con personas que, a sus ojos, son mucho mejores.
Lo nuestro, siempre es una mierda.

Y a veces, es tan cansino, que por no escucharle …. ya ni empezamos a hacer las cosas… porque total, será una mierda.

Su estándar de perfección es imposible de cumplir.

Y aquí está la paradoja: esto nos impide avanzar.

Porque el perfeccionismo, cuando se vuelve protagonista, no ayuda a mejorar… ni a alcanzar su idolatrada excelencia.

Es una trampa disfrazada de virtud, un intento de protegerte de algo mucho más profundo:

de la frustración de fallar,

de la vergüenza de sentirte juzgado,

de descubrir que, incluso haciendo todo bien, tal vez sigas sintiendo que no basta.

Le alimenta el miedo silencioso a no ser suficiente.

Como explica Brené Brown (investigadora y profesora en la Universidad de Houston, conocida por sus estudios sobre la vulnerabilidad, la vergüenza y la autenticidad.) .. el perfeccionismo es “la creencia adictiva de que, si actuamos de forma perfecta, podremos evitar el dolor del rechazo, de la culpa o de la vergüenza”.

Y claro, suena tentador.

Peeero el precio es alto: ansiedad, rumiación, parálisis, procrastinación… y esa sensación constante de no llegar nunca a ninguna parte, aunque no pares de correr.

De hecho, la ciencia lo confirma.

Un metaanálisis publicado en Journal of Research in Personality (2020) mostró que las formas de perfeccionismo basadas en la autocrítica predicen un aumento significativo de síntomas de depresión y ansiedad a través de la desconexión social y el estrés.

Y una investigación más reciente, en Frontiers in Psychiatry (2025), halló que la dimensión llamada discrepancy perfectionism (la brecha entre lo que eres y lo que crees que deberías ser) se asocia directamente con mayor depresión, ansiedad y estrés, y… oh sorpresa, con menor satisfacción con la vida.

El perfeccionismo es como una jaula dorada: por fuera parece brillante, poniéndose etiquetas de: eficiencia, responsabilidad, compromiso… Pero en realidad, con sus expectativas de perfección te limita, no te deja ser libre.

Y lo más triste es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que estamos encerrados.

Llamamos “autoexigencia” a lo que en realidad es miedo a no ser suficientes.

Confundimos el deseo de crecer con la imposibilidad de descansar,

la responsabilidad con la autoexplotación.

Como señala el filósofo Byung-Chul Han, vivimos en una sociedad del rendimiento que ya no necesita oprimirnos desde fuera:
nos empuja a exigirnos sin descanso desde dentro.

Nos creemos libres, pero somos nuestros propios jefes explotadores y nuestros propios vigilantes.

Y en ese intento constante de hacer más, de ser “mejores”,

acabamos perdiendo lo más simple (y lo más humano): la capacidad de simplemente ser.

Suscrito
La revolución silenciosa contra el perfeccionismo
Romper esa jaula no es un acto épico.
No hay un “antes y después” digno de película.
Sucede en silencio.
En momentos pequeños, casi invisibles.

Sucede cuando apagas el ordenador porque ya es la hora, aunque aún queden “cosas por hacer”

Cuando entregas un trabajo “que está bien así” en lugar de perfecto.

Cuando te das permiso de descansar sin justificarlo.

Cuando reconoces que no puedes con todo y pides ayuda.

Cuando aceptas que no pasa nada si hoy no brillas.

Ahí empieza la revolución.

Porque el perfeccionismo no se vence a base de fuerza, sino de ternura.

Y eso desconcierta.

Nos han enseñado que para cambiar hay que apretar más, esforzarse más, ser más disciplinados.

Pero esta revolución va justo en la dirección contraria:
se trata de soltar la cuerda, de dejar de luchar contigo mismo.

El perfeccionismo te promete seguridad, pero te roba libertad.
Te promete admiración, pero te quita paz.
Te hace creer que si haces todo impecable, nadie podrá juzgarte.
Y, sin embargo, lo que más te juzga es él mismo: tu propia mente.

Por eso esta revolución es radical: porque empieza dentro.

Brené Brown dice que vivir “de todo corazón” significa atreverse a mostrarse tal cual uno es: imperfecto, vulnerable, pero auténtico.

No hay nada más subversivo en un mundo que te exige brillo constante
que atreverse a mostrarse humano.

Porque en una cultura que premia la productividad,
la ternura es una forma de resistencia.

Cuando eliges amabilidad en lugar de juicio,
cuando eliges presencia y disfrutar el camino, en lugar de centrarte en resultados y ser productivo..
ahí estás cometiendo un pequeño acto de rebelión:

Estás dejando de alimentar la cultura de la exigencia
para empezar a cultivar algo mucho más valioso
la conexión real contigo y con los demás.

Hazlo imperfecto, hazlo humano
Hazlo imperfecto.
Aunque tu voz interna te susurre que no es suficiente.
Aunque pienses que aún podrías hacerlo mejor.

Hazlo igual.
Hazlo con las manos temblando, con dudas, con pausas.
Hazlo humano.

Porque al final, lo que más nos acerca a los demás no son nuestros logros impecables, sino nuestras grietas compartidas.
Los momentos en los que nos atrevemos a decir “no sé”, “me equivoqué”, “necesito parar”.
Ahí es donde empieza la conexión real.

El perfeccionismo te dice “no estás a la altura”.
La vida, en cambio, te dice “vive esta aventura”.
Y en ese salto imperfecto (donde no hay garantías de éxito ni aplausos) es donde por fin te encuentras contigo.

Romper con el perfeccionismo no significa dejar de cuidar lo que haces, sino cuidar también a quien lo hace: tú.

Significa dejar de exigirte ser otra cosa y empezar a permitirte ser quien ya eres.

Reconocer que tú eres suficiente, incluso cuando las cosas no lo son.

Significa dejar espacio para el error,

para el descanso, para la ternura.

No es una rendición. Es un regreso.
A tu cuerpo, a tu ritmo, a tu humanidad.

Así empieza la verdadera revolución:
cuando eliges no castigarte por ser humano,
cuando decides que “bastante bien” es, de hecho, bastante.


Hazlo imperfecto.

Hazlo humano.

Porque esa es la forma más valiente, y más libre, de existir.

 

Comentarios

@LIANABE

29/11/2025

Lo  Perfecto  ( o lo mejor)   es  Enemigo de lo  Bueno !!!

Esta  frase  me  la dijo  un  Jefe  en mi trabajo.....    como al  pasar...     Y  mucha  razòn  tenìa....