MIS BORRONES DEL TALLER DE GLORIA 2 "El cumpleaños del
Escrito por
@SISSI12
El cumpleaños del tío Jorge
Como todos los años, toda la familia había sido invitada al cumpleaños de Jorge. Y como todos los años, hacia el mediodía del domingo todos fuimos cayendo al convite. La tía Monona, con su postre de vainillas bañadas en oporto, el tío Augusto, con su botella de Don Valentín Lacrado bajo el brazo, y el primo Negrito, con sus excusas, porque nunca llevaba nada pero siempre decía que había estado trabajando hasta último momento (su papá, el tío Augusto, salía rápido a justificarlo con un “el nene está muy ocupado”, aunque nunca supimos bien en qué). Y, mi vieja, viejita linda, caía con su flan casero de 12 huevos, acompañado de un bol generoso de crema chantilly, batida hasta lograr el copito puntiagudo.
Siempre llegábamos los últimos para que mi vieja, escoltada por mi papá, pudiera hacer su entrada triunfal llevando la enorme bandeja de flan tembloroso hasta la heladera Siam, color verde clarito, de mi abuela. Aunque nadie de la familia lo dijo nunca, había un duelo silencioso entre mi madre y su cuñada: postre de vainillas o flan casero, los comensales daban su veredicto repitiendo la porción y ahí terminaba la contienda.
Como todos los años, también, la abuela nos esperaba con el patio baldeado y la mesa tendida bajo la parra. Apenas nos sentábamos, me sacaba las zapatillas para sentir el frescor de los ladrillos del piso todavía mojados y levantaba apenitas el mantel para comprobar que Manchitas, echado bajo mi silla, estaba listo para recibir los pedacitos de comida que yo, con suerte, escabulliría a la mirada de los mayores.
Y claro, también estaba Jorge, el cumpleañero, el hijo menor que nunca se había casado. El que era tan bueno, que todas las mujeres lo engañaban, decía mi abuela. El que miraba demasiado al jardinero, decía mi papá con una sonrisita maliciosa, cuando mi mamá no lo escuchaba. El tío Jorge, yo lo quería porque siempre se reía y me hacía barriletes que no volaban mucho pero tenían largas colas con moñitos de colores.
Ese año mi tío Jorge cumplía 50 años, “medio siglo y estás hecho un pibe”, le dijo mi viejo palmeándole la espalda; “hermanito”, lo abrazó mi mamá, “todavía me acuerdo cuando por las noches tenías miedo al viejo de la bolsa”. Jorge recibía los saludos con la cara bonachona de siempre, mientras mi abuela lo miraba con la tranquila complacencia del que siente que todo está en el lugar que debe estar.
A la hora de los postres, cuando -sin demostrarlo- mi mamá y mi tía se preparaban como dos boxeadores a punto de salir al cuadrilátero, el tío Jorge, que nunca hablaba, se paró y dijo: “Este año quiero comer mi postre favorito” y fue hasta la heladera para volver con un paquete enigmático. Silencio. Nos miramos extrañados. La tía Monona abrió un poco la boca y mi vieja, viejita linda, reprimió un lagrimón a tiempo. Un kilo y medio de helado del bueno pasó a señorear el centro de la mesa. Le entré sin asco al dulce de leche granizado … y apenas tuve tiempo de pensar que, definitivamente, nada sería igual desde ese momento.
Comentarios
18/12/2025
Un hallazgo.
18/12/2025
Felicitaciones a la autora, y a vos Gloria, por la excelente idea de publicar el trabajo de tus alumnas! De no ser así, nos hubiéramos perdido el talento y la emoción de estos relatos...
18/12/2025
Te cuento que la idea de publicar este texto fue de @SISSI12. (Y lo bien que hace. De otro modo nos privaría de disfrutar de su excelente escritura).
Te mando un abrazo fuerte y mis mejores deseos para este nuevo año.
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