LA CORRIDA
Escrito por
@KUKITYTA
Siempre estuve en contra de todo espectáculo que involucrase animales, pero una vez en España no pude rechazar la invitación de Lola, mi amiga sevillana, a una corrida de toros. Ella estaba tan contenta por mostrarme lo que consideraba el súmmum de lo folklórico, que no tuve manera delicada de disuadirla.
- Lola, tengo pocos días aquí, ¿y si vamos a un tablao o a la feria? ¿Y qué tal si me acompañás a recorrer las calles, me hablaron tanto de estos paisajes, los balcones con sus flores, las veredas estrechas, las casitas blancas… ¿Qué ya tenés localidades y que son de las primerísimas filas? De acuerdo amiga, vamos entonces.
Efectivamente las ubicaciones se habrían podido considerar privilegiadas para un desfile de modas, pero estamos tan cerca del torero que puedo ver como las gotas de transpiración caen por su frente, a pesar de su postura estoica, su mirada altiva y sus movimientos perfectos. Cada vez que el toro pasa por mi lado, cada vez más cerca, una décima de segundo más antes de apartarse, y cada una de esas veces y cada vez más fuerte el grito del público y su aliento aumentando en intensidad, casi la misma intensidad con la que mis piernas se aflojan, mi vientre se endurece y mi corazón se acelera, TUMTUM, TUMTUM. Luego de cada baile, ¡OLE!, una nueva estocada al animal parece prolongarse hasta llegar a mi estómago y atravesarlo. El toro más angustiado y enfurecido. El torero más sonriente. Ese frío que me sube por el cuerpo transformándose en un helado sudor… el paisaje cada vez más borroso… la cara de Lola… sus labios moviéndose, diciéndome algo que no alcanzo a entender…
Veo una luz blanca. Me lastima los ojos. Los cierro, los abro de a poco. Trato de enfocar… parece un aplique en un techo desconocido… las paredes grises… una silla y Lola en ella, dormitando… mis brazos pesados, y mis piernas dormidas. Quiero moverlas y un cosquilleo me indica que han estado en esa posición durante mucho tiempo. Me duele. Muevo un poquito una y la dejo en esa posición. El cosquilleo aumenta. Intento mover un brazo y no puedo… pesado, pesado y al final mi mano en la mano de Lola, que despierta. Sonríe, me abraza, me pide disculpas. No entiendo por qué… entonces recuerdo: el toro, la sangre y una náusea acude a mi boca y mi cabeza que duele. Pido un poco de agua. Una enfermera se acerca y me pregunta cómo me siento. Confundida, le digo, dolorida y mareada. Me dice que es normal, que descanse. Lola sonríe, nerviosa, con culpa. Siento los párpados pesados, muy pesados… pestañas… velo gris… negro…
Comentarios
01/03/2010
Ruth.
01/03/2010
02/03/2010
07/03/2010
26/03/2010
Ruth
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