¿Más Vale solo q....... ?
Publicado por
@DANTEX
Por qué nos cuesta tanto estar solos?
Pues bien, para responder a esta pregunta resulta tentador recurrir a argumentos que recaigan en nuestras habilidades individuales. Podríamos sostener que a muchas personas les cuesta estar solas ya que han tenido parejas a lo largo de gran parte de su vida adulta, y que por tal experiencia no les ha permitido desarrollar ciertos aprendizajes; o que a muchos no se les ha inculcado desde pequeños cuán importante es cultivar la propia autonomía a la hora de vincularse afectivamente con los demás y, por ende, experimentan dificultades para lidiar con la soledad.
Estos argumentos podrían ser válidos, ya que las historias de aprendizaje y situaciones que vivenciamos a lo largo de los años son determinantes a la hora de entender por qué nos relacionamos con los otros de una manera y no otra.
Sin embargo, también es importante quitarnos un poco esa mochila de encima, ya que existe una realidad que tendemos a obviar pero que, no obstante, conocerla podría resultar liberadora: los seres humanos no tenemos una razón natural o intrínseca para "disfrutar" la soledad. Desde un posicionamiento filogenético, es decir, contemplando el recorrido histórico de la especie humana, el permanecer solos supuso un riesgo severo para nuestra supervivencia en algún momento. Por una parte, habríamos sido presas fáciles para un depredador en caso de encontrarnos lejos de otros junto a los cuales defendernos mutuamente. En segunda instancia, de no habernos relacionado con los demás y permanecido solos, jamás habríamos desarrollado el lenguaje. El lenguaje fue una gran ventaja para la supervivencia, ya que la posibilidad de categorizar los eventos de la realidad en conceptos de manera rápida nos permitió establecer formas más rápidas de comunicarnos con nuestros pares, realizar inferencias acerca de los fenómenos del mundo, y prevenir futuros peligros que podrían ocurrir en él. Claro está, por no mencionar sencillamente que al estar solos no podríamos reproducirnos.
Es cierto que los desafíos de aquél entonces no atentan contra nuestras vidas actualmente, pero recuperar nuestro trasfondo como especie humana permite explicar que es lógico y esperable que la soledad sea una experiencia desagradable. Saber esto podría alivianar la carga responsabilizante que muchas personas sienten por tener dificultades para estar solas. Aunque las intenciones sean buenas, en varias ocasiones, ese «deberías aprender a estar solo» se presenta incluso como un imperativo capaz de ocasionar más sufrimiento en lugar de ayudar.

Pues bien, para responder a esta pregunta resulta tentador recurrir a argumentos que recaigan en nuestras habilidades individuales. Podríamos sostener que a muchas personas les cuesta estar solas ya que han tenido parejas a lo largo de gran parte de su vida adulta, y que por tal experiencia no les ha permitido desarrollar ciertos aprendizajes; o que a muchos no se les ha inculcado desde pequeños cuán importante es cultivar la propia autonomía a la hora de vincularse afectivamente con los demás y, por ende, experimentan dificultades para lidiar con la soledad.
Estos argumentos podrían ser válidos, ya que las historias de aprendizaje y situaciones que vivenciamos a lo largo de los años son determinantes a la hora de entender por qué nos relacionamos con los otros de una manera y no otra.
Sin embargo, también es importante quitarnos un poco esa mochila de encima, ya que existe una realidad que tendemos a obviar pero que, no obstante, conocerla podría resultar liberadora: los seres humanos no tenemos una razón natural o intrínseca para "disfrutar" la soledad. Desde un posicionamiento filogenético, es decir, contemplando el recorrido histórico de la especie humana, el permanecer solos supuso un riesgo severo para nuestra supervivencia en algún momento. Por una parte, habríamos sido presas fáciles para un depredador en caso de encontrarnos lejos de otros junto a los cuales defendernos mutuamente. En segunda instancia, de no habernos relacionado con los demás y permanecido solos, jamás habríamos desarrollado el lenguaje. El lenguaje fue una gran ventaja para la supervivencia, ya que la posibilidad de categorizar los eventos de la realidad en conceptos de manera rápida nos permitió establecer formas más rápidas de comunicarnos con nuestros pares, realizar inferencias acerca de los fenómenos del mundo, y prevenir futuros peligros que podrían ocurrir en él. Claro está, por no mencionar sencillamente que al estar solos no podríamos reproducirnos.
Es cierto que los desafíos de aquél entonces no atentan contra nuestras vidas actualmente, pero recuperar nuestro trasfondo como especie humana permite explicar que es lógico y esperable que la soledad sea una experiencia desagradable. Saber esto podría alivianar la carga responsabilizante que muchas personas sienten por tener dificultades para estar solas. Aunque las intenciones sean buenas, en varias ocasiones, ese «deberías aprender a estar solo» se presenta incluso como un imperativo capaz de ocasionar más sufrimiento en lugar de ayudar.
CADA PERSONA QUE ENCONTRAMOS EN NUESTRO CAMINO ES UNA OPORTUNIDAD DE APRENDER ALGO NUEVO
DESCONOCIDOSiémpre hay alguien que quiere y hay otro se deja querer .......
ARG
Practico Danza clásica desde pequeña, Yoga y Pilates. Me gusta la Fotografía
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