La crisis de la jubilación de la que nadie te advierte: impo
Publicado por
@JOSESE386
Traducción al castellano:
Las cajas de la mudanza apenas habían sido desempacadas cuando Nancy Schlossberg y su esposo, Steve, se unieron a un pequeño grupo de recién jubilados para cenar en su nueva ciudad de Sarasota, Florida. Cuando un exdecano de una facultad de medicina le preguntó a Nancy —que acababa de dejar una carrera de 40 años en la educación superior— cuáles eran sus planes para la jubilación, ella le dijo que esperaba colaborar como consultora con organizaciones locales sin fines de lucro. “Estoy entusiasmada por involucrarme y ver cómo puedo contribuir”, dijo.
El exdecano le dedicó una sonrisa cansada. Él había esperado ayudar a dictar un curso de biología después de jubilarse, contó, pero cada intento había terminado en nada. Alrededor de la mesa, varias cabezas asintieron. A pesar de décadas de experiencia, todos estaban sorprendidos por lo difícil que resultaba encontrar formas significativas de contribuir después de cerrar sus carreras.
Lo que estos jubilados describían no era solo la decepción por la falta de oportunidades. Era la erosión de algo mucho más fundamental: su sentido de importar, esa necesidad humana profunda de sentirse valorado y de tener la posibilidad de aportar valor al mundo. Planeamos nuestro período de riqueza y nuestro período de salud, trazando la seguridad financiera y el bienestar físico. Sin embargo, muy pocos nos preparamos para una dimensión igualmente esencial de la jubilación: nuestro período de importar, es decir, cómo seguiremos sintiéndonos vistos, útiles y capaces de marcar una diferencia en este nuevo capítulo de la vida.
Las consecuencias de descuidar nuestro sentido de importar son medibles y profundas. Un metaanálisis de 2020 publicado en la revista Healthcare, basado en datos de más de 3.000 jubilados, encontró que casi un tercio experimentó síntomas depresivos, con tasas más altas entre quienes fueron empujados a jubilarse por enfermedad, despidos o salidas obligatorias. Otros estudios indican que las pérdidas psicológicas que suelen venir con la jubilación —sentirse menos valorado, menos necesario o menos conectado— son fuertes predictores de depresión posterior al retiro.
Más de 11.000 estadounidenses cumplen 65 años cada día. Para 2030, uno de cada cinco estará en edad de jubilarse. A medida que vivimos más tiempo, sostener un sentido de importar se ha convertido en un desafío definitorio del envejecimiento. La investigación sugiere que es momento de cambiar la pregunta de “¿Cuánto tiempo voy a vivir?” a “¿Cómo voy a seguir importando mientras viva?”.
Qué significa realmente “importar”
Importar es la sensación de que somos valorados por otros y de que tenemos valor para aportar al mundo. Introducido como término académico en la década de 1980 por el sociólogo Morris Rosenberg, ha cobrado nueva relevancia en los últimos años, a medida que aumentaron los niveles de ansiedad, agotamiento y desconexión. Investigadores de diversos campos consideran que importar es un pilar faltante del bienestar.
En su núcleo, importar responde a una pregunta fundamental: ¿mi vida marca una diferencia? La evolución moldeó esta necesidad. Para nuestros antepasados más tempranos, ser valorados por el grupo significaba seguridad; ser ignorados, peligro.
Ese cableado antiguo persiste hoy. Cuando las personas sienten que importan, prosperan. Cuando no, sufren. En un estudio sobre hombres con ideación suicida, dos de las palabras más comunes usadas para describir su angustia fueron “inútil” y “sin valor”.
Para entender cómo abordar el problema, es útil pensar el importar como algo compuesto por cuatro elementos principales, resumidos en el acrónimo SAID (por sus siglas en inglés): sentirse significativo (visto y esencial), apreciado (valorado por las contribuciones), respaldado (apoyado y cuidado) y necesitado (que otros dependan de uno). Estos ingredientes ofrecen tanto un diagnóstico —por qué la jubilación puede resultar desestabilizadora— como una solución para fortalecer nuestro período de importar a cualquier edad.
Construir tu período
Un estudio de 2024 con 748 adultos, publicado en el Canadian Journal on Aging, encontró que, aunque la mayoría de los jubilados planifica cuidadosamente sus finanzas, menos de la mitad reflexiona seriamente sobre cómo será su vida una vez que deje de trabajar. La planificación del estilo de vida —no la preparación financiera— fue el predictor más fuerte de satisfacción en la jubilación. Los desafíos más significativos que reportaron los jubilados fueron psicológicos y sociales, como el aburrimiento, la pérdida de estructura y la disminución de la conexión. En otras palabras, concluyeron los investigadores, los jubilados necesitan una estrategia deliberada para mantenerse conectados y comprometidos en las décadas por venir.
Mi padre no usaba la palabra “importar”, pero la protegía instintivamente en la jubilación. Después de una larga carrera en una empresa de energía, encaró el retiro con intención: planificó con anticipación, se unió a un grupo de jubilados que se reunía para almorzar, fue mentor de estudiantes universitarios de primera generación y cultivó espacios donde se sentía valorado y útil. Uno de esos lugares era un restaurante del barrio que visitaba semanalmente, donde conocía al personal por su nombre y seguía sus vidas. Cuando dejó de ir por un tiempo para cuidar a mi abuela enferma, el personal le dijo cuánto lo habían extrañado y luego le entregó una tarjeta de condolencias firmada por todos. Su ausencia fue notada. Al interesarse por sus vidas, él los había hecho sentir que importaban —y esa fue su manera de decirle cuánto importaba él para ellos.
Cuando Nancy Schlossberg dejó su carrera, le sorprendió lo desorientadora que resultó la jubilación. Encaró el desafío con curiosidad, buscando patrones en cómo otros transitaban la transición mediante entrevistas a decenas de personas, entre ellas un director de museo jubilado que curaba exposiciones ocasionales y un hombre que seguía vinculado a su antigua empresa como consultor “de emergencia”. Lo que resonó en Nancy fue que cada uno había llevado un hilo de su identidad anterior a su nuevo capítulo.
Esos ejemplos la ayudaron a ver su propio camino. Incluso sin un rol académico formal, podía seguir enseñando escribiendo artículos y libros, dando charlas y guiando a otros a través de lo que muchos viven hoy como un tercer acto completamente nuevo de la vida.
El poder de la invitación —y del propósito
Muchas transiciones vitales —jubilación, viudez, divorcio, nido vacío— vienen con una pérdida inesperada de anclas sociales. Una maestra jubilada me contó cuánto extrañaba las charlas breves en los pasillos y los chequeos durante el almuerzo con colegas que antes daba por sentados. Sin ellos, se sentía desconectada de la relación cotidiana que le brindaba su trabajo.
Lo que cambió todo, dijo, fue decidir decir que sí a cada invitación que se le presentaba, como un café con una vecina o sumarse a un club de lectura. Cada “sí” la ayudó a reconstruir la conexión que anhelaba.
Un buen punto de partida es proponerse un objetivo modesto: decir que sí a una invitación —o extender una— dos veces por semana. Y recordá: una invitación no es solo sobre vos. Cuando alguien se acerca, está asumiendo un pequeño riesgo en su intento de conectar. Al decir que sí, señalás que también lo valorás. Así, extender o aceptar una invitación se convierte en un intercambio mutuo de importar.
Para experimentar los beneficios de importar, necesitamos sentirnos valorados, pero también tener la oportunidad de volver a aportar valor. La investigación muestra cada vez más que este sentido de propósito juega un papel central en la satisfacción con la jubilación y la salud mental.
Pero el propósito por sí solo no captura todo el panorama. Lo que muchos jubilados buscan es la experiencia de que otros dependan de ellos. En mis entrevistas, las personas que recuperaron ese sentido de ser necesarios tendían a seguir un patrón simple y repetible: identificaban una necesidad real y la abordaban con las 3T —tiempo, talento o tesoro (recursos).
Uno de los ejemplos más claros proviene del movimiento Repair Café, que comenzó en Ámsterdam en 2009. Hoy, en pueblos de todo Estados Unidos, estos encuentros liderados por voluntarios invitan a la gente a llevar objetos domésticos rotos —una tostadora, una lámpara, una bicicleta— y los participantes usan sus habilidades para repararlos.
Dean Gallea, un ingeniero jubilado que alguna vez probó productos para Consumer Reports, dirige el Repair Café de su comunidad en el valle del Hudson, Nueva York. Pasa sus días ayudando a la gente a alargar la vida útil de electrodomésticos que, de otro modo, terminarían en un vertedero. Pero lo que ocurre allí va más allá de arreglar tostadoras. Dean se ha convertido en una especie de casamentero, emparejando las necesidades de los vecinos con las habilidades de los voluntarios y, en el proceso, fortaleciendo el sentido de importar de todos los que cruzan la puerta.
El camino de regreso a importar de Julie Plaut Mahoney comenzó con un giro similar hacia afuera. En la mediana edad, dejó su carrera como coordinadora de voluntarios en una organización sin fines de lucro en Newton, Massachusetts, para cuidar a su madre anciana. Pero cuando su madre murió, ese sentido de utilidad desapareció de la noche a la mañana.
En lugar de replegarse, Julie se obligó a mirar hacia afuera para encontrar una manera de importar. Familias como la suya a menudo luchaban con qué hacer con las pertenencias de un ser querido después de su muerte, mientras que otras familias —que se reconstruían tras un incendio o salían de la situación de calle— necesitaban de todo. Junto con su amiga Mindy Peckler, Julie comenzó a recolectar artículos del hogar en buen estado y a proporcionarlos a quienes los necesitaban. Ese gesto creció hasta convertirse en Welcome Home, una organización sin fines de lucro de Massachusetts con más de 100 voluntarios que ha transformado miles de vidas, incluida la de Julie.
Todos enfrentaremos transiciones vitales que pueden sacudir nuestro sentido de importar. Pero, como Julie, podemos empezar a reconstruirlo haciéndonos útiles. El camino de regreso puede comenzar en pequeño: invitar a un vecino solitario a tomar un café, preguntar cómo está alguien que atraviesa un momento difícil o dar una mano a una familia desbordada. Puede que descubras que la forma más rápida de sentir que importás es mostrarle a alguien más que importa.
“Si estás en un pozo, sintiendo que no importás, andá a algún lugar donde te necesiten, donde dependan de vos, donde la gente cuente con vos”, dijo Julie. “Tenés la responsabilidad de volver a hacerte útil”.
Este artículo es una adaptación del nuevo libro de Jennifer Breheny Wallace, Mattering: The Secret to a Life of Deep Connection and Purpose (Importar: el secreto de una vida de conexión profunda y propósito), que será publicado por Portfolio el 27 de enero.
Copyright © 2026 Dow Jones & Company, Inc. Todos los derechos reservados.
Apareció en la edición impresa del 17 de enero de 2026 como “La crisis de la jubilación de la que nadie te advierte: importar”.
Comentarios
19/01/2026
20/01/2026
20/01/2026
20/01/2026
Y en esta etapa es muy importante: tener una pertenencia, el disfrute, y sentirse util
Más notas de ActualidadVer todas
Más notas de Actualidad
El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
VICTOR HUGOSiempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir
Jean Paul Sartre
USA
Me llamaría una persona muy sonriente, con un humor negro extremo. Me encanta r
¿CONOCERLA?
Más Mujeres
USA
Me gusta andar en bicicleta, acampar, ir a la playa, escuchar música. Me gusta
¿CONOCERLO?
Más Hombres
Salidas Grupales
Ver Todas@GLORY2023 - Vie 16/10/2026


