Denuncia a su propio ejército 🪖
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@AQUIYAHORA
En 1944, un oficial del Ejército Imperial Japonés reunió a soldados en China y comenzó a denunciar las atrocidades cometidas por su propio ejército.
Habló de saqueos.
De violaciones.
De asesinatos de civiles.
De prisioneros utilizados para practicar ataques con bayoneta.
En el Japón de aquella época, decir algo así podía considerarse traición.
Pero aquel oficial tenía una protección que prácticamente nadie más poseía.
Era el hermano menor del emperador Hirohito.
Se llamaba Takahito, príncipe Mikasa.
Durante la guerra sirvió en el Ejército Imperial y fue destinado a China utilizando el nombre de “Wakasugi”. Entre 1943 y 1944 trabajó como oficial de Estado Mayor en Nankín, dentro del Ejército Expedicionario Japonés.
Allí comenzó a enfrentarse con una realidad muy distinta de la propaganda que presentaba la guerra como una misión honorable.
Décadas después recordaría una conversación que nunca olvidó.
Un oficial le explicó que una buena forma de endurecer psicológicamente a los nuevos soldados consistía en utilizar prisioneros chinos vivos para practicar con la bayoneta.
Mikasa quedó horrorizado.
También conoció casos de prisioneros amarrados, gaseados y asesinados.
Lo describiría años después con unas palabras inequívocas:
«Fue una escena verdaderamente horrible que solo puede calificarse de masacre».
Pero no esperó hasta después de la derrota de Japón para pronunciarse.
En 1944 escribió un texto extraordinariamente crítico sobre la guerra que su propio país estaba librando.
Denunciaba la política de agresión japonesa y señalaba que los saqueos, las violaciones y las matanzas de civiles estaban alimentando el odio contra Japón.
También cuestionaba la narrativa utilizada para justificar la ocupación de China.
Y habló ante soldados japoneses.
Años después explicó por qué se había atrevido a hacerlo:
quería desesperadamente que la guerra terminara.
Mikasa era perfectamente consciente de lo excepcional de su situación.
Un oficial común probablemente no habría podido pronunciar aquellas palabras sin sufrir consecuencias gravísimas.
Él pertenecía a la familia imperial.
Aun así, el Ejército consideró peligroso lo que había escrito.
Las copias fueron recogidas y destruidas.
Durante medio siglo, aquella intervención quedó prácticamente olvidada.
Hasta que ocurrió algo inesperado.
En 1994, un profesor de la Universidad de Kobe encontró una copia superviviente en la biblioteca del Parlamento japonés.
El documento reapareció.
Y el príncipe, que entonces tenía 78 años, confirmó públicamente que lo había escrito.
También reveló otros episodios que había conocido durante la guerra, incluidos experimentos y operaciones relacionados con armas químicas y biológicas.
Su posición frente al pasado japonés no terminó en 1945.
Después de la derrota, Mikasa llegó a intervenir ante el Consejo Privado y sostuvo que su hermano Hirohito debía asumir responsabilidad por la catástrofe de la guerra y abandonar el trono.
No consiguió que ocurriera.
Hirohito continuó siendo emperador hasta su muerte en 1989.
Mikasa tomó un camino completamente distinto después de quitarse el uniforme.
Se convirtió en académico, estudió historia del antiguo Oriente Próximo y durante décadas habló sobre la necesidad de recordar críticamente la guerra.
Vivió hasta los 100 años.
Murió en 2016.
Había nacido dentro de una de las familias más privilegiadas de Japón y había servido en el mismo ejército cuyos crímenes terminaría denunciando.
Quizá por eso su testimonio resulta tan excepcional.
No habló desde el otro lado del frente.
No conoció aquellas historias décadas después.
Era un príncipe japonés, hermano del emperador, vestido con el uniforme del Ejército Imperial.
Y mientras la guerra todavía continuaba, utilizó precisamente esa posición para decirles a sus propios soldados que lo que estaban haciendo en China no podía justificarse.
Agustín
Habló de saqueos.
De violaciones.
De asesinatos de civiles.
De prisioneros utilizados para practicar ataques con bayoneta.
En el Japón de aquella época, decir algo así podía considerarse traición.
Pero aquel oficial tenía una protección que prácticamente nadie más poseía.
Era el hermano menor del emperador Hirohito.
Se llamaba Takahito, príncipe Mikasa.
Durante la guerra sirvió en el Ejército Imperial y fue destinado a China utilizando el nombre de “Wakasugi”. Entre 1943 y 1944 trabajó como oficial de Estado Mayor en Nankín, dentro del Ejército Expedicionario Japonés.
Allí comenzó a enfrentarse con una realidad muy distinta de la propaganda que presentaba la guerra como una misión honorable.
Décadas después recordaría una conversación que nunca olvidó.
Un oficial le explicó que una buena forma de endurecer psicológicamente a los nuevos soldados consistía en utilizar prisioneros chinos vivos para practicar con la bayoneta.
Mikasa quedó horrorizado.
También conoció casos de prisioneros amarrados, gaseados y asesinados.
Lo describiría años después con unas palabras inequívocas:
«Fue una escena verdaderamente horrible que solo puede calificarse de masacre».
Pero no esperó hasta después de la derrota de Japón para pronunciarse.
En 1944 escribió un texto extraordinariamente crítico sobre la guerra que su propio país estaba librando.
Denunciaba la política de agresión japonesa y señalaba que los saqueos, las violaciones y las matanzas de civiles estaban alimentando el odio contra Japón.
También cuestionaba la narrativa utilizada para justificar la ocupación de China.
Y habló ante soldados japoneses.
Años después explicó por qué se había atrevido a hacerlo:
quería desesperadamente que la guerra terminara.
Mikasa era perfectamente consciente de lo excepcional de su situación.
Un oficial común probablemente no habría podido pronunciar aquellas palabras sin sufrir consecuencias gravísimas.
Él pertenecía a la familia imperial.
Aun así, el Ejército consideró peligroso lo que había escrito.
Las copias fueron recogidas y destruidas.
Durante medio siglo, aquella intervención quedó prácticamente olvidada.
Hasta que ocurrió algo inesperado.
En 1994, un profesor de la Universidad de Kobe encontró una copia superviviente en la biblioteca del Parlamento japonés.
El documento reapareció.
Y el príncipe, que entonces tenía 78 años, confirmó públicamente que lo había escrito.
También reveló otros episodios que había conocido durante la guerra, incluidos experimentos y operaciones relacionados con armas químicas y biológicas.
Su posición frente al pasado japonés no terminó en 1945.
Después de la derrota, Mikasa llegó a intervenir ante el Consejo Privado y sostuvo que su hermano Hirohito debía asumir responsabilidad por la catástrofe de la guerra y abandonar el trono.
No consiguió que ocurriera.
Hirohito continuó siendo emperador hasta su muerte en 1989.
Mikasa tomó un camino completamente distinto después de quitarse el uniforme.
Se convirtió en académico, estudió historia del antiguo Oriente Próximo y durante décadas habló sobre la necesidad de recordar críticamente la guerra.
Vivió hasta los 100 años.
Murió en 2016.
Había nacido dentro de una de las familias más privilegiadas de Japón y había servido en el mismo ejército cuyos crímenes terminaría denunciando.
Quizá por eso su testimonio resulta tan excepcional.
No habló desde el otro lado del frente.
No conoció aquellas historias décadas después.
Era un príncipe japonés, hermano del emperador, vestido con el uniforme del Ejército Imperial.
Y mientras la guerra todavía continuaba, utilizó precisamente esa posición para decirles a sus propios soldados que lo que estaban haciendo en China no podía justificarse.
Comentarios
@CANONET
17/08/2026
Es tristemente célebre el Escuadrón 731, dirigido por el médico militar japonés Shiro Ishii, fue una unidad secreta dedicada a la guerra biológica y química, que operó en Manchuria, en el noroeste de China, entre 1935 y 1945.
Utilizó a miles de prisioneros chinos, coreanos, rusos y de otras nacionalidades como cobayos humanos. Despectivamente los llamaban marutas (tronco). Fueron sometidos a vivisecciones sin anestesia, inoculación de enfermedades como peste, cólera y ántrax, y pruebas de armas químicas y biológicas. También los usaban para ejercitar a los soldados en el ataque con bayoneta.
Además de los experimentos, Japón empleó agentes biológicos contra poblaciones civiles chinas, provocando una enorme cantidad de víctimas.
Uno de los capítulos más polémicos de la posguerra fue que Estados Unidos concedió inmunidad a Ishii y a otros integrantes de la unidad a cambio de obtener sus investigaciones sobre guerra biológica.
Un episodio brutal de la historia que durante años quedó relativamente oculto y que recuerda hasta dónde puede llegar la ciencia cuando pierde todo límite ético.
Tampoco olvidar uno de esos casos en los que el lenguaje también puede convertirse en una herramienta de ocultamiento. Llamarlas “Estaciones de Consuelo” (Ianjo) y “Mujeres de Consuelo” (Ianfu)suavizaba una realidad mucho más brutal: un sistema de explotación y esclavitud sexual vinculado al Ejército Imperial Japonés. Se estima que entre 50.000 y 200.000 mujeres sufrieron esta forma de explotación sexual. Provenían principalmente de territorios ocupados y colonias, principaalmente China y Corea.
Más allá de las discusiones políticas posteriores sobre cifras, responsabilidades y denominaciones, lo esencial es no perder de vista a las víctimas. Un eufemismo puede cambiar el nombre de un crimen, pero no cambia lo que les ocurrió a quienes lo padecieron.
Agustín
Utilizó a miles de prisioneros chinos, coreanos, rusos y de otras nacionalidades como cobayos humanos. Despectivamente los llamaban marutas (tronco). Fueron sometidos a vivisecciones sin anestesia, inoculación de enfermedades como peste, cólera y ántrax, y pruebas de armas químicas y biológicas. También los usaban para ejercitar a los soldados en el ataque con bayoneta.
Además de los experimentos, Japón empleó agentes biológicos contra poblaciones civiles chinas, provocando una enorme cantidad de víctimas.
Uno de los capítulos más polémicos de la posguerra fue que Estados Unidos concedió inmunidad a Ishii y a otros integrantes de la unidad a cambio de obtener sus investigaciones sobre guerra biológica.
Un episodio brutal de la historia que durante años quedó relativamente oculto y que recuerda hasta dónde puede llegar la ciencia cuando pierde todo límite ético.
Tampoco olvidar uno de esos casos en los que el lenguaje también puede convertirse en una herramienta de ocultamiento. Llamarlas “Estaciones de Consuelo” (Ianjo) y “Mujeres de Consuelo” (Ianfu)suavizaba una realidad mucho más brutal: un sistema de explotación y esclavitud sexual vinculado al Ejército Imperial Japonés. Se estima que entre 50.000 y 200.000 mujeres sufrieron esta forma de explotación sexual. Provenían principalmente de territorios ocupados y colonias, principaalmente China y Corea.
Más allá de las discusiones políticas posteriores sobre cifras, responsabilidades y denominaciones, lo esencial es no perder de vista a las víctimas. Un eufemismo puede cambiar el nombre de un crimen, pero no cambia lo que les ocurrió a quienes lo padecieron.
Agustín
@MONIC20
17/08/2026
AQUIYAORA .Muchas gracias gracias por los datos históricos Igualmente @CANONET .Agustín .Muchas especies matan para saciar el hambre y se calman La verdad cuesta entender a los humanos la sed de sangre y sufrimiento arrasando con civilizaciones enteras.Saludos a ambos.
@AQUIYAHORA
17/08/2026
🥹💕
@MONIC20
17/08/2026
@AQUYAHORA .Graciass💜
@SILVI.YU
17/08/2026
Este tipo de situaciones, las personas comunes nunca las entenderemos.
Muchas gracias por compartirlo
Muchas gracias por compartirlo
@MONIC20
18/08/2026
Buen día.Asi es Spinoza en su filosofía divide a las pasiones en tristes y alegres.La alegría ,la resilencia,la bondad,la ternura contra aquellas que solo producen angustia,terror,desorden,caos.Somos así es volvemos a la edad media ,el eterno retorno del tiempo porque las mismas satisfacciones pulsionales destructivas vuelven sin pensar que todo necesita después reconstruirse.Es exacta la frase de Einstein "La ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia está ciega".La unión de ciencia y política más técnica (Latour) interviene para el bien o mal.Y la influencia del pensamiento de que todo es relativo.Gracias a Dios muchos seres trabajan con su lado sensible aumentado y no a el otro que solo produce odio,división envidia,brutalidad.Creo que lel tener idea de cómo funciona el pensamiento a través de los procesos históricos te llena de un humanismo hoy tan devaluado en estos días .Maravillosa semana a todos.Muy interesante toda la reflexión de @AQUIAHORA .Estamos en la era del Antropoceno teniendo todo a mano para ser vulnerado,,mercantilizadoi si poder cambiar de posición pensando en una naturaleza que nos dio y da todo !💜
@MONIC20
18/08/2026
@SILVIYU . Me tocó leer un libro de Ingold,"Que dirían los animales",te imaginas si pudiesen manifestar,el dolor o poner en palabras como ellos les toca vivir su tiempo.Abrazoo
@FABI5056
18/08/2026
No debemos olvidar que en ninguna guerra se cumplen totalmente los tratados internacionales. Japón mismo sufrió dos pruebas de nuevas armas de destrucción masiva como las bombas atómicas que aún hoy seguimos sufriendo las consecuencias como humanos ya que todos sufrimos de cierta radiación en nuestros propios cuerpos.
Una guerra es un negocio en el cual los fabricantes de armas aumentan su fortuna en base a la muerte de jóvenes y humanos del mismo país como de otros llamados "enemigos".
No hay nación buena, inocente o mala o perversa.
El principe Mikasa podría haber denunciado a todos los países participantes y no se hubiera equivocado.
Una guerra es un negocio en el cual los fabricantes de armas aumentan su fortuna en base a la muerte de jóvenes y humanos del mismo país como de otros llamados "enemigos".
No hay nación buena, inocente o mala o perversa.
El principe Mikasa podría haber denunciado a todos los países participantes y no se hubiera equivocado.
@CANONET
18/08/2026
Una breve y clara explicación de Antropoceno.
Agustín
@MONIC20
18/08/2026
Formidable!!!SIR .@CANONET . Ojalá podamos empezar a salir del auto centrismo .Y cuidemos de GAIA .Que en si la Tierra es un Dios increíble.💜De hecho se están moviendo las capas geológicas.Bona notii!
@CANONET
19/08/2026
Como poder, podemos. Yo tengo varias formas de resistencia para cuidar a Gaia y combatir el autocentrismo tecnológico: escribo con pluma fuente y saco fotos con cámaras analógicas… esas de rollo que, en mi barrio, todavía preguntan si funcionan con Wi-Fi.
Mientras algunos esperan que la Tierra se acomode sola con los movimientos de las capas geológicas, yo sigo esperando que alguien me revele un rollo sin cobrarme como si fuera una reliquia arqueológica.
¡Resistir, pero con estilo… y sin batería!
Agustín
Mientras algunos esperan que la Tierra se acomode sola con los movimientos de las capas geológicas, yo sigo esperando que alguien me revele un rollo sin cobrarme como si fuera una reliquia arqueológica.
¡Resistir, pero con estilo… y sin batería!
Agustín
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@AQUIYAHORA 17/08/2026
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@AQUIYAHORA 13/10/2026
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@SERGIO - Lun 19/10/2026
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@ALBERTO2021 - Sáb 17/10/2026
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