Fotografía ¿Urbana o Callejera?
Escrito por
@CANONET
Desarmamos un poco la pelea por las etiquetas
Fotografía URBANA vs. fotografía CALLEJERA
Hay discusiones fotográficas que pueden durar horas. Por ejemplo: ¿RAW o JPG?, ¿35 mm o 50 mm?, ¿fotografiar en color o en blanco y negro? Y después están las verdaderamente importantes: ¿esto es fotografía urbana o fotografía callejera?
En este último caso, probablemente haya que llamar a un árbitro internacional. La buena noticia es que no hace falta. Porque, aunque existen diferencias entre ambos conceptos, las fronteras no están dibujadas con tiza en la vereda.
Fotografía urbana: la ciudad como protagonista
La fotografía urbana tiene como escenario principal a la ciudad y todo aquello que forma parte de ella: edificios, calles, plazas, arquitectura, carteles, vehículos, puentes, vidrieras, estaciones, monumentos, sombras, reflejos y, por supuesto, personas.
Pero las personas no necesariamente tienen que ser protagonistas.Podemos fotografiar una esquina vacía, una fachada antigua, una parada de colectivo bajo la lluvia o un edificio moderno reflejado en otro. La imagen puede contar algo sobre la ciudad simplemente mostrando cómo es, cómo se transforma o cómo se vive ese espacio.En otras palabras: la ciudad puede ser el tema aunque no aparezca ningún ser humano. Y acá aparece una pequeña ventaja para quienes somos tímidos: podemos hacer fotografía urbana sin pedirle permiso a nadie para salir en la foto.
Fotografía callejera: cuando la calle cuenta una historia
La fotografía callejera, o street photography, suele poner el acento en las personas y en situaciones espontáneas de la vida cotidiana. Una mirada, un gesto, una conversación, alguien corriendo para alcanzar el colectivo, una pareja caminando tomada de la mano, un vendedor esperando clientes o simplemente una persona iluminada por un rayo de sol mientras todo lo demás queda en sombra.
La gracia está muchas veces en capturar un instante que probablemente dure apenas unos segundos. No hace falta que suceda algo extraordinario. De hecho, uno de los encantos de la fotografía callejera es descubrir que lo cotidiano puede convertirse en una imagen interesante si sabemos mirar.
Un hombre tomando café puede ser simplemente un hombre tomando café. Pero si justo detrás aparece un cartel que contradice lo que está haciendo, una paloma le roba una medialuna y la luz entra por la ventana como si Rembrandt hubiera pasado por ahí... bueno, ahí tenemos una foto. O por lo menos tenemos una buena excusa para mostrarla.
Entonces, ¿cuál es la diferencia?
Podríamos resumirlo así:
- Fotografía urbana: la ciudad y su entorno son el tema principal.
- Fotografía callejera: el instante y la vida cotidiana de las personas en el espacio público suelen ser el centro de atención.
Pero atención: no son compartimentos estancos. Una fotografía de una persona esperando el colectivo frente a un edificio extraordinario puede ser perfectamente fotografía urbana y fotografía callejera al mismo tiempo. Y una fotografía de una calle completamente vacía puede ser fotografía urbana sin ser necesariamente fotografía callejera.
La fotografía no suele respetar demasiado nuestras etiquetas. ¿Tiene que ser espontánea? Aquí aparece otra confusión bastante habitual.En fotografía callejera se suele valorar la espontaneidad, pero eso no significa que el fotógrafo tenga que caminar por la ciudad como un cazador furtivo esperando que alguien haga algo interesante.
Podemos observar, esperar una determinada situación, elegir un lugar por su luz y esperar a que alguien entre en el encuadre. Incluso podemos pedirle a una persona que pose.Ahora bien, cuanto más intervenimos en la escena, más nos alejamos de esa idea de capturar un momento espontáneo de la vida cotidiana. Y eso no hace que la fotografía sea peor. Simplemente estamos haciendo otra cosa.
¿Hace falta un equipo especial? No. Una cámara profesional con un objetivo carísimo puede ayudarnos en determinadas situaciones, pero no convierte automáticamente una mala mirada en una buena fotografía.
Una cámara sencilla puede producir una excelente fotografía urbana. Y un teléfono también. La herramienta registra la imagen. El fotógrafo decide qué merece ser registrado. Esto es particularmente importante en fotografía callejera, donde muchas veces tenemos apenas unos segundos para decidir. Encuadre, luz, fondo, momento, perspectiva... Y mientras uno piensa todo eso, el sujeto ya dobló la esquina. Gracias por participar.
¿Y qué pasa con pedir permiso? Es una cuestión que genera bastante debate. En espacios públicos podemos encontrarnos con situaciones donde fotografiar sea perfectamente habitual y otras donde hacerlo pueda resultar invasivo. Más allá de las cuestiones legales —que dependen del país a donde viajemos y de las circunstancias— hay algo que no necesita un código civil para entenderse: el respeto.
Si alguien nos pide que no lo fotografiemos, en la calle o en una salida, podemos guardar la cámara. No se nos va a caer el dedo índice. Y si queremos hacer un retrato más elaborado, pedir permiso suele ser la mejor opción. Además, muchas veces conversar con la persona fotografiada termina generando una fotografía mejor que la que habríamos obtenido intentando escondernos detrás de una columna.
El verdadero desafío: aprender a mirar. Tal vez la diferencia entre fotografía urbana y fotografía callejera sea menos importante que algo que ambas comparten: la capacidad de mirar.
- Mirar la luz.
- Mirar las sombras.
- Mirar las relaciones entre las personas y el espacio.
- Mirar los colores.
- Mirar los reflejos.
- Mirar aquello que los demás pasan por alto.
- Y, sobre todo, aprender a anticipar.
Porque muchas buenas fotografías callejeras no se encuentran: se esperan. Uno ve una pared iluminada, una sombra interesante, una esquina con una composición atractiva... y espera. A veces pasan diez personas y ninguna sirve. Pasa la número once y aparece exactamente lo que estábamos esperando. ¡Disparamos! Y descubrimos que no habíamos cargado la batería. Bueno... eso también forma parte de la fotografía.
Para terminar... Más que preocuparnos demasiado por decidir si una fotografía pertenece a una categoría o a la otra, quizás convenga preguntarnos:
- ¿La imagen funciona?
- ¿Tiene una composición interesante?
- ¿La luz aporta algo?
- ¿Cuenta una historia?
- ¿Provoca alguna emoción?
- ¿Nos hace detenernos unos segundos?
Si la respuesta es sí, poco debería importarnos si en la etiqueta dice urbana, callejera, street, documental o simplemente “mirá lo que encontré mientras caminaba”. Porque al final, la ciudad está llena de fotografías. Solo hay que aprender a verlas.
Y, si es posible, llevar la cámara o el celu con batería.
Agustín
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