La importancia de distinguir entre táctica y estrategia.

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@LATINA

13/02/2012#N39628

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CUANDO UN MILITANTE DE IZQUIERDA CONFUNDE TÁCTICA Y ESTRATEGIA

 por Alberto J. Franzoia.

 

Uno de los principales obstáculos con los que ha tropezado cierta izquierda en América Latina ha sido confundir táctica y estrategia. Claro que como no son conceptos intercambiables, sinónimos, ni nada parecido, no descubrirlo a tiempo puede conducir a fracasos tan duros como el aislamiento político, la peor tragedia que puede padecer todo militante que aspire a protagonizar un cambio popular revolucionario.

 

Formular una estrategia significa fijar y explicitar un objetivo fundamental de largo alcance, que requiere para su concreción de un conjunto de pasos o camino. Dichos pasos integran las tácticas para conquistar el gran objetivo. Pero cuando la inmadurez política favorece la confusión y el político de izquierda termina estableciendo por todo táctica aquello que es su objetivo final o estrategia, se gestan las condiciones para que los síntomas de esa patología que tanto preocupó a Lenin se manifiesten; el gran revolucionario ruso la calificó “El izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo” (título de uno de sus libro, escrito en 1920 y convertido luego en clásico de la literatura marxista). En ese texto el autor plantea la necesidad, entre otras cuestiones, de no ejercer un doctrinarismo sectario cuando lo esencial (como táctica) pasa por la construcción de alianzas sociales y políticas posibles para avanzar hacia el objetivo estratégico, que para Lenin era la construcción de una sociedad sin clases. (1).

 

Cuando un revolucionario confunde los conceptos aludidos emergen dos posibilidades siniestras para el progreso del cambio revolucionario. Si su estrategia pasa a ser la táctica permanente, si considera por ejemplo que en Argentina todo lo que no es socialismo es la misma cosa (capitalismo a secas, sin matices), y por caso el kirchnerismo en nada se diferencia del menemismo, será definitivamente un izquierdista aislado del pueblo. Porque lo cierto es que para la clase social fundamental (clase obrera) que aspira expresar el militante de izquierda, no es lo mismo una Argentina sin industrias, y por lo tanto sin trabajo como la de Menem, que la actual, con un creciente (aunque aún insuficiente) desarrollo industrial generador de nuevos empleos. Y tampoco da lo mismo una jubilación privatizada que en la órbita del Estado, o un país que mantenga relaciones carnales con EE.UU. que el que desarrolle una política exterior autónoma orientada hacia la unidad de la Patria Grande Latinoamericana. La otra posibilidad es que quien fue un militante de izquierda se transforme en un abanderado del realismo político (entre otras cosas por temor a contraer el infantilismo aludido por Lenin), en donde realismo resultaría sinónimo de abandono de toda perspectiva revolucionaria y socialista. Habitualmente esta conducta se tipifica como oportunismo hacia la burguesía. En dicho caso la perspectiva revolucionaria desaparece como estrategia.

 

Se puede concluir, en apretada síntesis, que el izquierdista (sujeto que padece la enfermedad infantil del comunismo) no está capacitado para realizar cambio revolucionario alguno, porque su intolerancia doctrinaria,, que lo lleva a conducirse sólo con la estrategia (el objetivo socialista) pero sin ninguna táctica concreta (ya que todo da lo mismo si no es socialista) lo aísla del protagonista real del cambio que son los trabajadores. Mientras que, por otra parte, el oportunista (que practica un realismo extremo huérfano de convicciones revolucionarias) tampoco realiza cambio alguno en una dirección revolucionaria, ya que ha renunciado concientemente a dicha posibilidad. El primero convirtió su estrategia en táctica (socialismo ya o nada), el segundo su táctica en estrategia (pues el socialismo no sería posible). En ambos casos estamos muy lejos de una izquierda madura y latinoamericanista que es la que aspiramos constituir, y que afortunadamente comienza a pisar cada vez más firme en la Patria Grande.

 

La Población (Córdoba), 30 de enero de 2012 

1. El Izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo. V. I. Lenin: Obras completas, tomo 33. pág. 202. Ed. Cartago. Bs. As. 1969. 

*Producido para Cuaderno de Izquierda Nacional  

De: Luis Bejarano

 

 

Comentarios

@CANONET

13/02/2012

Muy lúcido y lucido el análisis. La izquierda tiene el mismo defecto de casi toda la clase políticia: carece de autocrítica loi cual es una verdadera pena. Es un artículo para releer -yo ya lo hice...-

Agustín:)  
@PUGLIESE

13/02/2012

Perdón Latina por desvirtuar un cachito el foro, pero lo mejor que yo he leido sobre Táctica y Estrategia es esto:

 

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos


mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible


mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos


mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos


no haya telón
ni abismos


mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites


Mario Benedetti
   
@MARIO

13/02/2012

...que casi todo la gente ande a la pesca no invalida la espectacular poesìa que posteo Pugli, que admito desvitùa el foro, pero es buenìsima......y en definitiva cada uno se las arregla como puede...

 

Gracias Latina por este excelente texto. Mario  
@PUGLIESE

13/02/2012

Perdón Latina, le quise dar un toque poético al foro que me parece buenísimo y no medí las consecuencias.  

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