HARRY TUPPER Y LA MALDICIÓN, de Boris Truchenko
Escrito por
@CANONET
Después de un intercambio diplomático, literario y —por qué no decirlo— peligrosamente borgiano ocurrido en la nota #N91235, Boris Truchenko, mi amigo ex agente de la KGB, no podía permanecer en silencio.
Luego de arduas negociaciones, café y churros mediante, tinta derramada y alguna que otra cláusula clasificada como TOP SECRET, el exagente de la KGB ha decidido suspender la elaboración de sus churros de ingredientes confidenciales y tomar la pluma para responder a esta delicada situación.
Así nace “Harry Tupper y La Maldición”, una nueva aventura donde vaya uno a saber cuántos personajes más se internan en un territorio donde las cartas se cruzan, los autores se disputan las musas y las ideas, una vez liberadas, ya no obedecen a nadie. Así queda presentado:
HARRY TUPPER Y LA MALDICIÓN. El niño que descubrió que ningún tupper vuelve a casa
Capítulo 1. El misterioso caso del recipiente desaparecido
Harry Tupper era un niño normal. Bueno… tan normal como puede ser un chico que levita cuando se enoja, hace aparecer cucharas de la nada cuando tiene hambre y puede encontrar un alfajor escondido dentro de una mochila escolar a tres habitaciones de distancia.
Vivía con su madre, su padre, un inquieto perro de raza tajungapul y una cantidad sospechosamente grande de recipientes de plástico.
—Harry, alcanzame el tupper azul —decía su madre.
Harry extendía la mano.
—¿Cuál?
—El azul.
—Hay diecisiete azules.
—El que tiene la tapa que cierra.
—Todos tienen tapa.
—No. Ese no.
Harry suspiraba. En su casa, hablar de tuppers era una actividad de riesgo. Pero el verdadero problema había comenzado unas semanas antes, cuando Harry descubrió algo mucho más inquietante.
Los tuppers no desaparecían. Eran secuestrados.
Todo empezó cuando su madre le prestó a la vecina, la señora Gladys, un recipiente grande con tapa hermética.
—Te lo devuelvo mañana —prometió Gladys.
Harry estaba en la cocina y escuchó perfectamente.
—¿Mañana? —preguntó.
—Mañana.
—¿Seguro?
—Seguro.
Harry miró a su madre.
Su madre miró a Harry.
Ambos sabían que aquella palabra, en relación con un tupper prestado, tenía un significado bastante flexible.
Pasaron dos días. Luego una semana. Después un mes.
El tupper no volvió.
—Mamá —dijo Harry—, ¿Gladys todavía tiene nuestro recipiente?
—Sí.
—¿Y cuándo lo va a devolver?
Su madre se encogió de hombros.
—No sé.
Harry cerró los ojos. Algo extraño estaba ocurriendo.
Concentró sus poderes.
Una pequeña luz azul apareció alrededor de sus manos.
—¡Revelatum recipiens!
El aire de la cocina tembló. La mesa vibró. El gato salió disparado hacia el living.
Y entonces Harry lo vio. Una imagen apareció suspendida en el aire.
La señora Gladys estaba en su cocina. Abría el tupper. Lo miraba. Lo lavaba. Lo guardaba. Y después… Lo colocaba dentro de otro tupper.
—¡NO! —gritó Harry.
Su madre se llevó una mano a la frente.
—¿Qué pasa?
—¡Mamá! ¡Hay una maldición!
—¿Otra vez?
—¡Sí!
Harry señaló la imagen.
—¡Los tuppers de Tupperware están malditos!
Su madre permaneció en silencio.
—Harry…
—¿Qué?
—Eso no explica dónde está el recipiente de vidrio que le presté a tu tía.
Harry palideció.
—¿También desapareció?
—Hace tres años.
Harry comprendió entonces la magnitud del problema. No era un caso aislado. Era una epidemia.
Un fenómeno sobrenatural.
Una conspiración internacional.
La Maldición del Tupper.
Y, según descubrió esa misma noche en un antiguo libro de magia familiar, la maldición tenía una regla fundamental:
Todo tupper prestado entra en una dimensión desconocida de la que sólo puede regresar cuando su propietario pierde completamente la esperanza de volver a verlo.
Harry tragó saliva.
—Entonces estamos perdidos.
Su madre lo miró.
—¿Por qué?
—Porque yo todavía tengo esperanza.
—Bueno, empezá a perderla.
Harry negó con la cabeza.
No podía.
Había aceptado una misión.
Una misión que ningún mago había logrado completar.
Una misión que requeriría valor, astucia y una extraordinaria capacidad para distinguir una tapa de otra.
Harry Tupper levantó su varita.
—Voy a romper la maldición.
Desde algún lugar de la casa se escuchó un ruido.
Clac.
Harry se quedó inmóvil.
—¿Qué fue eso?
Su madre respondió:
—La tapa de un tupper.
—¿Cuál?
—No sé.
Harry comprendió que la aventura acababa de comenzar.
¿Continuará?
Agustín
Comentarios
27/08/2026
(me debes un churro con dulce de leche) ;)
27/08/2026
27/08/2026
28/08/2026
Gracias por compartirlo!!!!
28/08/2026
"¡Excelente observación, Gaby @GABRIELA1958! Creo que acabás de descubrir el verdadero origen de la maldición de Harry Tupper.
Habría que advertirle a Harry que recuperar el tupper es apenas la mitad de la misión. La tapa es otra historia. Dicen que esas tapas poseen un extraño sistema magnético que les impide regresar al recipiente de origen y, una vez liberadas, se refugian debajo de las alacenas para formar sociedades clandestinas con las tapas perdidas de los vecinos.
Allí pasan el día chusmeando:
—¿Vos de qué tupper eras?
—De uno de ravioles. ¿Y vos?
—De ensalada rusa… pero hace tres años que no me llaman.
Creo que esto merece convertirse en una nueva línea de investigación para Harry.
Porque ahora entendemos que la verdadera maldición no es perder el tupper… sino encontrarlo sin su tapa.
Y, por supuesto, tu teoría quedará debidamente incorporada al expediente secreto de Harry Tupper y la Maldición, Capítulo II.
Firmado:
Boris Piotr Truchenko
Ex agente de la KGB
Especialista en criptografía
Actual empresario capitalista de churros
Estado sentimental: información clasificada"
Agustín
28/08/2026
29/08/2026
Esta tarde, ayer en realidad, fui a la churrería de Boris que mi arribo estaba tranquilamente contando la recaudación del día, ya que cerraba temprano, y verificando que ningún churro relleno hubiera sido víctima de espionaje, cuando le pregunté si había leído tu comentario sobre Harry Tupper y la Maldición.
Me confesó, en voz baja como buen agente secreto que parece ser, que lo leyó una vez. Volvió a leerlo. Que luego miró debajo del mostrador. que después levantó lentamente la tapa de una caja de churros.
—¡Camaradas… tenemos un problema! —murmuró y continuó hablándole a los churros -La teoría de Gabriela sobre las tapas perdidas, sus misteriosos imanes y sus reuniones clandestinas bajo las alacenas, debo investigarla.
Si duda, había despertado algo en su antiguo cerebro de criptógrafo de la KGB. Boris cerró la churrería, bajó la persiana, hizo el gesto de que me quedara tranquilo, y comenzó a escribir.
Tres horas después, había nacido el Capítulo II. Naturalmente, como corresponde a todo buen agente secreto, Boris no quiso revelar demasiado. Solamente dejó constancia de que las tapas no desaparecen: se organizan.
Así que, Gabriela, debo informarte que tu comentario ha tenido consecuencias literarias. Por culpa —o gracias— a tu sospecha, Harry Tupper ya tiene nuevo capítulo**.
A continuación, presento oficialmente, por instrucciones de Boris:
CAPÍTULO II — EL MISTERIO DE LAS TAPAS DESAPARECIDAS
¡Ah! Antes debo decir que Boris advierte:
"-A partir de ahora, antes de mirar debajo de una alacena, conviene pedir permiso. Nunca se sabe qué reunión de tapas podemos interrumpir."
Agustín
29/08/2026
Harry Tupper había conseguido recuperar el recipiente. Era una victoria.
Una victoria incompleta, miserable y ligeramente humillante. Porque el tupper estaba allí, sobre la mesa de la cocina, limpio, reluciente y aparentemente feliz de haber regresado a casa.
Pero le faltaba la tapa… Harry revisó el cajón de los utensilios. Nada.
Abrió la alacena. Nada.
Miró debajo de la heladera… Nada.
Hasta que escuchó un murmullo.
—Pssst… Harry…
Se quedó inmóvil. El sonido provenía de debajo de la alacena.
Se agachó lentamente y allí la vio: una tapa de plástico, cubierta de polvo, junto a otras siete.
—¿Sos vos? —preguntó Harry.
—No. Yo soy de un tupper de pollo al horno —respondió la tapa—. La tuya está al fondo.
Harry avanzó unos centímetros.
—¿Y por qué no vuelve?
Las tapas se miraron entre ellas. Finalmente, una de color azul habló:
—Porque una vez que una tapa abandona su tupper, ya no vuelve a ser la misma.
—¿Y qué hacen acá?
Hubo un silencio incómodo.
—Chusmeamos —respondieron al unísono.
Harry retrocedió horrorizado.
Aquello era mucho peor de lo que había imaginado. Debajo de las alacenas existía una verdadera comunidad de tapas perdidas: tapas de todos los tamaños, colores y marcas. Algunas llevaban años allí. Otras aseguraban haber pertenecido a tuppers que sus dueños ya ni recordaban.
—¿Y ustedes saben dónde está mi tapa?
La tapa azul señaló hacia el fondo.
—Sí. Estaba allí.
—¿Dónde?
—Bueno… Se fue con una tapa de yogur hace tres semanas.
Harry sintió que las piernas le temblaban. La maldición continuaba. Y ahora comprendía la terrible verdad: podía recuperar el tupper… pero jamás debía dar por perdida la tapa. Porque las tapas no desaparecían. Se escondían.
Y, mientras tanto, debajo de las alacenas de todo el barrio, seguían hablando de sus antiguos dueños. Especialmente de los que todavía las estaban buscando.
Agustín
29/08/2026
Gaby.
PD.cuando el río suena agua trae. No desestime la información porque puede llegar a encontrarse con alacenas "libres de tapas"
31/08/2026
"Camarada Gaby @GABRIELA1958:
He leído su informe con atención y debo reconocer que la situación es mucho más grave, en consecuencia preocupante, de lo que imaginaba.
Que las tapas se reúnan debajo de las alacenas para intercambiar chismes era preocupante. Pero que ahora hayan decidido abandonar este mundo y emprender un viaje hacia el mundo inteligible de Platón ya constituye, técnicamente, una fuga masiva de tapas.
He convocado inmediatamente a mis antiguos contactos de la KGB de Asia y Europa que comparten la preocupación nuestra. Uno de ellos me preguntó:
—¿Tenemos agentes infiltrados entre las tapas?
Le respondí:
—No. Pero tenemos tuppers infiltrados entre las tapas.
La información obtenida es inquietante. Las tapas están cansadas de que las confundan, las apilen, las encajen donde no corresponde y, sobre todo, de escuchar esa frase terrible: -Esta tapa ya no sirve para nada.
Según mis fuentes, la asamblea fue multitudinaria. Una tapa de heladera tomó la palabra y declaró:
—¡No nacimos para terminar debajo de una alacena!
Otra, de color azul oscuro, agregó:
—¡Exigimos un destino trascendente!
Y una pequeña tapa de yogur, que aparentemente había leído a Platón, gritó:
—¡Queremos conocer la Idea de la Tapa!
Ante semejante panorama, no me queda otra alternativa que aceptar el rumor. Y respetuosamente debo advertirle, mi estimada camarada Gaby, que el viaje ya ha comenzado.
Ahora la pregunta es ¿qué ocurrirá cuando todas esas tapas abandonen las alacenas? Porque usted lo ha dicho muy bien:
- Cuando el río suena, agua trae.
Pero si el río sigue sonando así… ¡pronto tendremos alacenas libres de tapas por un lado y tuppers desesperados buscando pareja por el otro!
Por lo tanto, encomiendo a mi amigo Agustín la delicada misión de narrar este viaje hacia el mundo inteligible. Yo, mientras tanto, permaneceré en la churrería. Por razones de seguridad nacional, naturalmente. Y porque acabo de descubrir que los churros también tienen tapas…
—Boris Piotr Truchenko
Ex agente de la KGB
Especialista en criptografía
Actual investigador del comportamiento subversivo de las tapas
Estado de la operación: CLASIFICADO”
Agustín
31/08/2026
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Mario Benedetti"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes."
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