Fotografía: 36 disparos contra el futuro.

Escrito por
@CANONET

30/08/2026#N91295

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36 DISPAROS CONTRA EL FUTURO. 
 
Una curiosa rebelión contra la velocidad del presente: el regreso a lo analógico, a los objetos que obligan a detenerse, prestar atención y hacer las cosas deliberadamente. Y esta fotografía de la mesa servida creo lo resume de una manera casi perfecta. 
 
En medio de una mesa cuidadosamente preparada, entre copas de cristal, plato de porcelana, cubiertos dorados y un mantel finamente bordado, aparece una Olympus-Pen FT analógica (bah, de rollito, del año 1967). Un objeto que, a primera vista, parece fuera de época… y justamente por eso resulta tan actual. Porque mientras todo alrededor nos invita a la inmediatez —fotografiar, revisar, borrar, repetir, editar y publicar— esa pequeña cámara nos recuerda otra manera de hacer fotografía. 
 
Hay que cargar el rollo. 
Hay que elegir. 
Hay que medir. 
Hay que enfocar. 
Hay que disparar. 
Y después… esperar. 
 
No hay una pantalla que nos diga inmediatamente si acertamos. No hay inteligencia artificial que componga por nosotros la escena ni algoritmo que decida cuál de las 24, 36 o 72 (en este caso) fotografías idénticas merece sobrevivir. 
 
Hay, en cambio, 36 oportunidades —o las 72 que permite el rollo en esta cámara de medio cuadro— para mirar de verdad. Y quizá ahí esté la verdadera resistencia. No es una guerra contra lo digital. Sería absurdo. De hecho, la foto está tomada con una cámara digital. Es simplemente recuperar, de vez en cuando, el placer de hacer algo sin que una máquina haga casi todo por nosotros. 
 
La Olympus-Pen FT sobre ese plato parece incluso una invitada a una cena elegante. Pero en realidad está ocupando el lugar de honor: el de un objeto que nos obliga a recuperar algo que la automatización nos está haciendo olvidar de nuestra dimensión humana. 

  • La paciencia. 
  • La elección. 
  • La atención. 
  • El error. 
  • La sorpresa. 

Porque una fotografía analógica no aparece inmediatamente en la pantalla para decirnos si somos buenos fotógrafos. Primero, nos deja con la duda. Y esa duda también forma parte de la fotografía. 
 
Así que sí: volver al rollo puede ser nostalgia. Pero también puede ser resistencia. Una pequeña resistencia de 35 milímetros contra un mundo que pretende que todo sea instantáneo, automático y perfecto. Y qué mejor manera de resistir que cargar un rollo en una cámara recuperada, guardar el teléfono… y salir a buscar una buena fotografía.

¡A seguir resistiendo!

Agustín

 

 

Comentarios

@LAU58

31/08/2026

Agustín
Esto es arte  
@SISSI12

31/08/2026

Hermosa reflexión, Agustín @CANONET! Yo creo que el medio para crear belleza es una elección y toda elección es respetable si el objetivo es puramente el arte. El celular, por ejemplo, ha democratizado la fotografía y no es poco. En mi caso personal, me encantaría tener una cámara, sin embargo, no puedo pagarla ni costear los rollos, el revelado ni la impresión. Pero estoy con vos en que la foto analógica es otro vínculo con el tiempo ... con todo lo que eso implica.
El papá de mi mejor amiga de la infancia era fotógrafo. Yo me pasaba horas en el cuarto de revelado, observando cómo iban apareciendo las imágenes en el papel blanco y cómo terminaban de secarse las fotografías como ropa recién lavada. Recuerdo la luz roja para no velar los rollos y el olor fuerte de los ácidos de revelado.  
@FLORVEN

31/08/2026

Qué gran reflexión. Hay un encanto muy genuino en esa pausa forzada que nos exige el rollo, en el ritual de medir, enfocar y confiar en el proceso. Pero lo más lindo del texto es la ironía de la foto: al usar una Olympus Pen FT de medio cuadro, ¡en lugar de 36 oportunidades tenés 72! Una doble rebelión contra la prisa del presente.Nada supera la alquimia del rollo y la nobleza del papel. Disparar con la N80 como en mi caso es entender la fotografía como un objeto tangible, no como un píxel pasajero.  
@CANONET

31/08/2026

¡Gracias Laura @LAU58 y Silvia @SISSI12 por leer y comentar!

Qué hermoso recuerdo… casi se puede ver esa luz roja y sentir el olor del revelador, el ácido acético y el fijador. Y coincidimos: el celular democratizó la fotografía de una manera extraordinaria, pero también trajo una paradoja: hoy podemos hacer miles de fotos y, sin embargo, muchas terminan perdidas entre archivos, nubes y memorias de teléfonos que nunca volvemos a mirar.

La película, en cambio, nos dejaba pocas imágenes, pero nos daba memoria física, espera y un vínculo mucho más íntimo con el tiempo. Quizás por eso aquellas fotos que sobrevivieron tienen todavía ese perfume especial de lo vivido.

La cámara que aparece en la foto la tengo cargada con película B&N. Me acompañó a la salida a Belgrano R. La fotografía superior está tomada en un camino de Península Valdés. Es un amigo de la familia que nos acompañó en su moto en un viaje que hicimos mis dos hijas, mi ex cuñado y yo en el Ford K de mi hermana. Tengo la foto impresa.

Agustín   
@CANONET

01/09/2026

¡Qué gran reflexión, @FLORVEN!

Hay un encanto muy genuino en esa pausa forzada que nos exige el rollo, en el ritual de medir, enfocar y confiar en el proceso. Pero lo más lindo del texto es la ironía de la foto: al usar una Olympus Pen FT de medio cuadro, ¡en lugar de 36 oportunidades tenés 72! Una doble rebelión contra la prisa del presente.

Nada supera la alquimia del rollo y la nobleza del papel. Disparar con la Nikon N80, como es tu caso, es entender la fotografía como un objeto tangible, no como un píxel pasajero.  

Una anécdota. Hace varios años organicé una salida fotográfica a Plaza de Mayo, previa charla técnica en el bar de una compaginera que lo abrió para nosotros ese domingo. La hermana de Rodolfo, compaginero de esa época, rescató la cámara que habían usado sus papis en su luna de miel. Además de ella lograr una excelentes fotos, la emoción fue inolvidable. 

¡Ojalá podamos reunirnos los amantes de los rollitos de esta página y rescatemos alguna cámara!

Agustín